viernes, 3 de julio de 2015

La Lógica del Terror

Un amigo mío que tuvo oportunidad de hablar con el tristemente célebre “Tirofijo” en la época del Caguán, me contó que se tuvo la osadía de observarle que la violencia de las Farc que por ese entonces comandaba les enajenaba el apoyo de las comunidades. El bandolero le contestó, palabra más palabra menos, lo siguiente:"Ya nos seguirán cuando conquistemos el poder".

Esta actitud es consecuente con la ideología en que se  inspiran los movimientos revolucionarios, la cual se resume en el célebre dicho de Mao:"el poder reside en la boca de los fusiles".

Su significado es nítido: el poder se adquiere mediante la violencia; una vez conquistado, se lo consolida y mantiene de igual manera.

Ese culto por la violencia conlleva que en la lucha por el poder se ignoren todos los límites éticos, jurídicos y hasta de mera conveniencia  que la civilización se ha esmerado a lo largo de siglos en erigir.

Para el revolucionario no hay talanqueras, pues considera que es lícito todo lo que convenga al éxito de su causa. Los límites los fija su propio pragmatismo, confiado en que, si triunfare, la historia lo absolverá, tal como lo alegó Fidel Castro en un famoso discurso que pronunció ante el tribunal que en su país lo estaba juzgando por sus fechorías.

Los guerrilleros colombianos siguen al pie de la letra esa fatídica doctrina y la llevan a extremos que desafían toda imaginación. Ninguna atrocidad los arredra. Y siempre estarán prestos a justificarla de alguna manera.

Su propósito es la instauración de una dictadura. Como nosotros los colombianos hemos conocido pocas dictaduras a lo largo de nuestra historia, conviene que reflexionemos acerca de la naturaleza del régimen que imponen las mismas.

El primer rasgo de un régimen dictatorial es la concentración de poderes en un solo individuo o en un un grupo reducido de ellos. Un segundo rasgo es el ejercicio arbitrario de esos poderes, dada la ausencia práctica de reglas llamadas a encauzarlos. Se trata de poderes absolutos que, como dijo Lord Acton, corrompen absolutamente. Además, no admiten que se los controvierta y, como han surgido de la violencia, solo a esta le creen. De ahí se sigue que busquen consolidarse por medio del terror. Sus técnicas de acción sobre las comunidades vienen presididas por el cinismo y la brutalidad.

Recomiendo una vez más, pues creo que en otros escritos ya lo he hecho, la lectura de una obra maestra que abrió mis ojos sobre la naturaleza de los regímenes cuando estaba en la universidad. Se trata de “El Poder o los genios invisibles que gobiernan la ciudad”, de Guglielmo Ferrero.(Vid. http://www.consensocivico.com.ar/uploads/540b73512c5fc-_FERRERO,%20Guglielmo%20-%20El-Poder.Los-Genios-Invisibles-de-La-Ciudad%20(1998-1942).pdf).

El célebre historiador de Roma se preguntó ahí acerca de por qué el régimen fascista se sentía amenazado por un profesor que no contaba con otras armas que su pluma ni otros seguidores que sus discípulos en la universidad. Y encontró la respuesta en el tema de la legitimidad.

Los regímenes instaurados a través de la violencia son ilegítimos y, como no obtienen de modo espontáneo la obediencia de sus súbditos, no les queda otro remedio que intimidarlos a través de los distintas técnicas de dominación de las masas que se han experimentado y decantado en los tiempos modernos.

Si las Farc han sido sanguinarias y perversas en su lucha por el poder, piense el lector por un solo momento en cómo serían si llegaran a detentarlo, así fuese dentro de un régimen mixto de poder compartido como el que a todas luces pretende negociar Santos con sus cabecillas.

Su cuento de entregarles el campo por el que han luchado por más de medio siglo no significa otra cosa que someter a millones de colombianos a la dictadura de la gente más corrompida y malvada que haya podido sufrir el país. Las parcelas de poder que aspiran a que se les conceda en La Habana serán apenas la plataforma de que se valdrán para someter después al resto de los colombianos a su ominosa coyunda.

Si ya bajo su influencia los fiscales y los jueces obran como vienen haciéndolo, ¿cómo serán las cosas cuando nadie pueda ya contenerlos? ¿Qué esperar cuando la fuerza pública dependa de las Farc a guisa de “gendarmería”, como con enorme torpeza  lo ha insinuado Santos? ¿De qué seguridad jurídica podríamos hablar en el momento que las Farc controlen la Dian? ¿Qué garantías podrían esperarse de los organismos electorales una vez se los tomen sus agentes? Y así sucesivamente.

Por eso insisto en el siguiente llamado:

¡COLOMBIA, DESPIERTA ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE!

sábado, 20 de junio de 2015

Al Compás de la Mentira

Hace poco el Director Nacional de Planeación dijo ante el Comité Intergremial en Medellín que con el postconflicto vendrá una avalancha de inversiones que garantizará el desarrollo de Colombia en los próximos años.

Es el mismo cuento que anda echando Santos en el exterior: ya estamos en la era del postconflicto que hará correr ríos de leche y miel por todo el territorio colombiano.

Desafortunadamente, lo que estamos viendo correr son ríos de sangre de colombianos inocentes, junto con torrentes de petróleo crudo derramado sobre los ríos de la patria, todo ello por obra y gracia del terrorismo de las Farc, tal como lo acaba de  denunciar  Plinio Apuleyo Mendoza en artículo publicado en  El Tiempo” (Vid. http://periodicodebate.com/index.php/opinion/columnistas-nacionales/item/8835-%C2%BFun-nuevo-reparto-de-culpas?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+Portada-PeridicoDebate-PeridicoDebate+%28Portada+-+Peri%C3%B3dico+Debate%29)

De postconflicto se puede hablar una vez terminado el conflicto, sea en virtud de un acuerdo entre las partes enfrentadas o por el triunfo inequívoco de una sobre la otra.

Pero lo que estamos presenciando es una escalada del conflicto por parte de las Farc, y no parece que ello sea el coletazo de un monstruo agonizante, sino una nítida manifestación de fuerza de esos narcoterroristas que, debido a la claudicación de Santos, han recuperado con creces el terreno que habían perdido con Uribe.

Las Farc son dueñas hoy, en efecto, de toda la costa del Pacífico, de los departamentos del sur, del Catatumbo, de parte de los llanos orientales y otras regiones del país. Solo les falta restablecer los anillos con que tenían cercadas a Bogotá, Medellín y Cali, para completar el panorama que padecíamos en 2002.

Santos pertenece a una escuela que ve la política como el escenario de un gran espectáculo en el que el disfraz de  la apariencia se impone sobre la realidad y trata de alterarla. Es un dirigente que no se preocupa por suscitar una opinión pública informada y reflexiva, sino por deformarla mediante consignas e imágenes engañosas.

La teoría democrática se basa en el poder soberano de una opinión adecuadamente informada sobre los hechos relevantes del acontecer colectivo, y consciente de sus responsabilidades en torno de sus desarrollos posibles.

En la medida que el ciudadano corriente esté desinformado, sea porque se le ocultan las verdades o porque a cambio de estas se le ofrecen mentiras, su poder de decisión se verá fuertemente limitado y no podrá, en consecuencia, actuar responsablemente sobre los asuntos que conciernen a la cosa pública.

Santos, como muchos políticos, acude sin pudor alguno al engaño y la traición para promover sus iniciativas. Y ello, fuera de las desastrosas implicaciones morales que entraña, es ruinoso para la democracia.

Su modelo es el pragmatismo que impera en el mundo político norteamericano, en el que todo está permitido si redunda en el éxito a corto plazo.

Cuando uno observa las tretas de Francis Underwood en “House of Cards”, la exitosísima serie de Netflix, fácilmente encuentra en ese siniestro personaje muchos de los rasgos de la personalidad de Santos.

Bill Clinton dijo hace poco que casi todo lo que se relata en “House of Cards” corresponde a la realidad de la vida política en Washington.

Muchas películas recientes abordan el tema para mostrar la corrupción que reina en el Congreso, en el Poder Ejecutivo, en las Fuerzas Armadas, en los Partidos Políticos, en las Corporaciones y, en fin, en las Cortes de Justicia.

El resultado es el descrédito de las instituciones. Periódicamente se publican encuestas que muestran el desprecio que el norteamericano corriente exhibe respecto de sus instituciones representativas, especialmente el Congreso.

Acabo de ver una de Gallup que ilustra sobre el colapso de la institucionalidad en los Estados Unidos.

Según los datos que arroja, la ciudadanía norteamericana ya no cree en su sistema judicial, como tampoco en la Presidencia ni el Congreso. La confianza en el primero llega apenas al 30%; la segunda solo goza de un 29%; y el Congreso está en ruinas: solo el 7% confía en él (Vid.http://armstrongeconomics.com/archives/24651).

Son cifras comparables a las del deterioro de la confianza en las instituciones que exhibe la opinión pública colombiana.

El Colombiano dedica hoy su editorial a la corrupción que reina en el Congreso y registra este comentario del senador Benedetti:”EN 17 AÑOS HACIENDO POLÍTICA, NUNCA VI TANTA CORRUPCIÓN Y TANTO CLIENTELISMO”(Vid.http://www.elcolombiano.com/opinion/editoriales/la-amenaza-de-la-corrupcion-CM2169477).

Como es bien sabido, la fuerza de las instituciones reposa en la fe de la ciudadanía en la titularidad de su poder, o sea su autoridad, y en los resultados de su ejercicio en pro del bien común. Si esa fe desaparece, la institucionalidad se viene abajo. Estamos al borde del caos.

jueves, 18 de junio de 2015

Justicia y verdad son las obras de tus manos, Señor

 

Así reza el salmo responsorial de la misa de hoy jueves 18 de junio, tomado de Sal 110, 1-2. 3-4. 7-8:

“V/. Justicia y verdad son las obras de tus manos, Señor.
R/. Justicia y verdad son las obras de tus manos, Señor.
Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos, en la
asamblea. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las
aman. R/.
V/. Esplendor y belleza son su obra, su generosidad dura por siempre; ha hecho
maravillas memorables, el Señor es piadoso y clemente. R/.
V/. Justicia y verdad son las obras de sus manos, todos sus preceptos merecen
confianza: son estables para siempre jamás, se han de cumplir con verdad y
rectitud. R/”

Nada más oportuno que este hermoso texto litúrgico, ahora que Santos acaba de interceder ante el Santo Padre por su política de paz con los narcoguerrilleros  terroristas de las Farc.

Dicen por ahí que Santos recibió el auxilio de santeros cubanos para ganar la reelección presidencial. Pero, al parecer, esa ayuda le es  del todo insuficiente para lidiar con los que él mismo ha reconocido que no son ningunos ángeles, en lo que se quedó corto, pues se trata de verdaderos demonios.

Lo he expresado en anteriores oportunidades y vuelvo acá sobre ello: hay unas premisas morales y diríase que espirituales que las partes de los diálogos de La Habana han ignorado de modo rampante, por lo que tal como van están abocados al fracaso.

Podría ser que allá se firmare algo, que es lo que a toda costa desea Santos, pero no es previsible que de esa firma se siga la paz para Colombia. Quizás se ponga término a ciertas modalidades del conflicto, mas no para entrar a una etapa de postconflicto, como viene diciéndolo  Santos con ingenuidad digna de mejor causa, sino para presenciar su transformación en algo tal vez peor, como por ejemplo una guerra civil.

El Santo Padre ha insistido en que este proceso de diálogos debe estar animado por un sincero propósito de reconciliación entre los colombianos. Pero esto es lo que a las claras no quieren los capos de las Farc.

Ellos van tras el poder para ejercerlo a su manera, que es la de la arbitrariedad y la crueldad, con miras a instaurar un sistema totalitario y liberticida. No les interesa compartirlo con lo que llaman el “establecimiento” ni está en su agenda la aceptación de los principios de la democracia liberal, así se la enriquezca con contenidos sociales. Su agenda es la del Foro de San Pablo, que promueve la puesta en marcha del Socialismo del Siglo XXI, no obstante su rotundo fracaso en todos los países que lo han adoptado, comenzando por Venezuela.

Nadie discute que una paz sostenible solo puede ser resultado de la verdad y la justicia.

Pero este proceso se inició y se ha desarrollado con base en detestables mentiras.

Santos y los capos de las Farc tienen merecida fama de mentirosos redomados. Nadie que esté en sus cabales se inclina a creerles. Por eso, su cacareado acuerdo sobre una Comisión de la Verdad que rinda dictamen sobre la violencia que nos ha afligido a lo largo de más de medio siglo, se ha recibido con justificado escepticismo, pese a la pretenciosa y hasta delirante justificación que ha pretendido asignarle el Alto Comisionado de Paz.

Bien lo ha dicho Miguel Gómez Martínez en declaraciones para “La Hora de la Verdad”: esta iniciativa representa el mayor logro obtenido por las Farc hasta el momento.

Su propósito no puede ser otro que legitimarlas, lo que no resulta ya difícil, dado que Santos, de manera irresponsable, comenzó por otorgarles la equiparación con el Estado. Y no solo eso, pues en su discurso en Cereté, con ocasión del Día del Campesino, no tuvo empacho en afirmar que coincide con las Farc en su diagnóstico y las soluciones respecto de la problemática del agro colombiano.

Leo que Iván Cepeda, notorio compañero de ruta de las Farc, inaugura su colaboración con El Tiempo afirmando que “La verdad es un imperativo ético”. Pero de entrada uno se pregunta:¿qué significa la ética para este personaje?

Hasta donde llega mi conocimiento del marxismo-leninismo que a las claras profesa, es ético todo lo que contribuya al triunfo de la revolución. Esa causa, a la que Fidel Castro siempre se refiere alzando la voz y escribiendo con mayúsculas, justifica, desde luego, la mentira, pero también la destrucción de la riqueza colectiva, el avasallamiento de las comunidades, el asesinato e incluso las masacres.

Si hay alguna palabra tan venerable como maltratada, es la justicia. También a este respecto cabe preguntarse:¿qué es lo justo para los cabecillas y auxiliadores de esas hordas salvajes que son las Farc?

Se queja Santos, en declaraciones que acaba de publicar “El Tiempo”, de las corrientes de odio que se mueven en el seno de la opinión pública colombiana, sin fijarse en que él es uno de sus alimentadores y en que, si alguna tendencia política se nutre de tan malsano sentimiento, es precisamente la de sus compañeros de diálogo en La Habana.

Pues bien, si no viene fundada en una inspiración espiritual de rango superior, la fementida lucha por la justicia no suele ser otra cosa que manifestación de sentimientos de odio, de venganza, de retaliación y, en suma, de esas bajas pasiones que hacen detestable al ser humano. Y esa elevada inspiración, bueno es repetirlo, no se ve por parte alguna en La Habana.

Como lo escribí hace tiempos, las Farc obedecen a la lógica del vampiro de “La Tormenta del Siglo”, de Stephen King: si no se les da lo que piden, ejercerán la violencia llevándola a extremos aterradores. Es lo que estamos padeciendo hoy en nuestro país, debido al ánimo claudicante de quien juró proteger la vida, honra, bienes y demás derechos de los colombianos mediante el poder coercitivo que otorga la autoridad legítima.

Menudo lío le ha creado Santos al Papa pidiéndole auxilio para este cortejo de mentiras en que se ha convertido su mal llamado proceso de paz.

Sobre el particular, recomiendo la lectura de un extraordinario artículo de mi entrañable amigo José Alvear Sanín, que reproduce en su Crónica de hoy mi también amigo del alma Rafael Uribe Uribe: vid http://rafaeluribe.blogspot.com/ (“Cuidado, Santidad, con los malos consejeros”).

martes, 9 de junio de 2015

Colombia a la deriva

Juan Manuel Santos suele jactarse de lo que aprendió en materia de navegación en la Escuela de Cadetes de la Marina en Cartagena. Pero como Presidente de Colombia ha hecho del nuestro, en estos últimos cinco años,   un país sin guía ni timón.

Lo recibió de manos de Álvaro Uribe Vélez con una subversión arrinconada, una economía boyante y una opinión pública congregada en torno de grandes propósitos nacionales, y lo tiene con una subversión en auge, una economía que amenaza ruina y una opinión tan dividida como desconcertada que está perdiendo aceleradamente la esperanza de una Colombia mejor.

A los gobernantes se los califica comparando lo recibido con lo entregado por ellos o, al  menos, apreciando la magnitud de los retos que les ha tocado afrontar y la manera como los respondieron .

Este último fue el caso de Enrique Olaya Herrera, que no pudo entregar en 1934 una Colombia mejor que la que que recibió en 1930, pues se le atravesó la tremenda crisis económica que puso en jaque por aquellas calendas a todo el mundo. Con todo, Alfonso López Michelsen dijo alguna vez que, para él, Olaya había sido el mejor gobernante colombiano del siglo XX, por el tino que demostró para manejar la crisis.

Las encuestas, no obstante la desinformación que suscita una Gran Prensa presionada o sobornada por la publicidad oficial que trata de magnificar los éxitos gubernamentales y de minimizar sus errores, son elocuentes sobre el rotundo fracaso de la gestión gubernamental de Santos.

Ya no es un chiste decir que Santos destortilló los famosos “tres huevitos” que su antecesor Uribe Vélez le encomendó que cuidara.

La inseguridad está hoy rampante, ha desaparecido la confianza inversionista y, sin la una ni la otra, resulta imposible profundizar en la cohesión social.

Un presupuesto ineludible de la viabilidad de esos tres propósitos es la austeridad fiscal, que permitiría la asignación eficiente de recursos para mantener el orden público, estimular el emprendimiento, mejorar la competitividad y, en últimas, atender las demandas de una población con altos índices de pobreza y necesidades insatisfechas en materia de inversión y gasto sociales.

Pues bien, el desgobierno “derrochón” de Santos ha desquiciado las finanzas públicas, poniéndonos al borde de una gravísima crisis fiscal de dimensiones solo comparables a las que padecimos hace medio siglo.

Leo hoy en la primera página de “El Colombiano” que la Andi, que ha sido hasta ahora tan complaciente con Santos, ya dice que el “Gobierno debe bajar sus gastos e impuestos”. (Vid. http://www.elcolombiano.com/negocios/economia/la-meta-del-gobierno-debe-ser-bajar-gastos-e-impuestos-andi-1-EA2103152).

No podría decir otra cosa, pues la semana pasada se dieron a conocer los amargos resultados del balance de las grandes empresas en el primer trimestre de este año, que exhiben bajas inusitadas que se imputan en buena medida a las cargas resultantes de la última reforma tributaria.

Registra también  también hoy “El Colombiano” la noticia de que “Mipymes arrastran cargas fijas del 75,4%” (Vid. http://www.elcolombiano.com/negocios/economia/grafico-1-IB2102028). O sea que el desmadre fiscal no solo hace que “lloren los ricos”, como lo advirtió con un chiste de mal gusto Santos hace algún tiempo, sino las clases medias, que son en últimas las que dinamizan la economía.

En síntesis, Colombia debe decirle adiós a la prosperidad que Santos le prometió. Si nos descuidamos, probablemente nuestro crecimiento en este año podría ser  de apenas el 2%, tal como lo advierte un informe de Merril Lynch que divulgó “La Hora de la Verdad” hace poco y es tema de un sesudo comentario de Hernán González Rodríguez que publicó “El Espectador” el 28 de mayo último.(Vid. http://www.elespectador.com/opinion/opiniones-de-merrill-lynch).

Dice González que “La primera causa para ML de esta dramática predicción proviene del déficit en cuenta corriente de Colombia en 2014, el 5,3% del PIB, uno de los mayores del mundo, el cual bien podría ascender al 6% en 2015”.

Hay que agregar que somos el país de América Latina cuyas exportaciones más han venido disminuyendo, después de Venezuela. Y es bien sabido que el nuestro es un mercado interno pobre que no garantiza el crecimiento de las empresas. Sin buenas perspectivas en el mercado externo, no podremos atraer inversión extranjera directa, que según González ha caído un 12%.

La garrulería de Santos lo lleva a hacerse lenguas sobre la obra social que adelanta su gobierno, pero es bien sabido que si en algo es ineficiente el gasto es esta área, pues en buena medida su destino no es mejorar la suerte de los desamparados, sino alimentar a través de la “mermelada” la corrupción política.

¿Cómo podría estimularse la confianza inversionista cuando Santos, en otro arranque de locuacidad, sale a  proclamar que “Gobierno y Farc buscamos lo mismo para el campo”? (Vid. http://www.elheraldo.co/politica/gobierno-y-farc-buscamos-lo-mismo-para-el-campo-santos-198362).

Con esta pasmosa declaración Santos destapa sus cartas.

Hace poco dijo el narcoterrorista Losada que Santos les envió una carta en que los invitaba a iniciar conversaciones de paz sobre la base de que todo lo que leyó en la Plataforma Bolivariana de las Farc le parecía negociable y,  por ese motivo, los capos que la dirigen aceptaron entrar en ese proceso.

Lo de Losada confirma la versión que recogí en un escrito que publiqué el 14 de febrero de 2014 con el título de “Se descorre el velo de la traición” (http://jesusvallejo.blogspot.com/2014/02/se-descorre-el-velo-de-la-traicion.html). Ahí cité el texto de una circular del Secretariado de las Farc para sus frentes, en cuyo numeral 1 se dejó constancia de lo siguiente:

“El 7 de septiembre de 2010 el presidente Santos mandó razón que quería conversar con nosotros porque pretendía hacer la paz. Plantea que las razones de las Farc son ciertas y valederas pero no comparte los métodos”.

Dadas las afirmaciones de Losada, la senadora Paola Holguín, en ejercicio del derecho de petición, le solicitó a la Presidencia copia de la carta de Santos a las Farc. La Presidencia no le respondió, sino que irregularmente dio traslado de la solicitud a la oficina del Alto Comisionado para la Paz, la cual manifestó que en su poder no reposaba ese documento, pero que, de existir el mismo, no se lo podría dar a conocer por su carácter secreto.

Con lo que afirmó en Cereté, Santos corroboró el dicho de Losada y le dio respuesta implícita a la senadora Holguín: él y las Farc están de acuerdo en el diagnóstico y las soluciones que estas últimas proponen para el manejo del campo.

Ello coincide, además, con lo que ya Santos les había dicho a unos empresarios hace algún tiempo en el sentido de que, como las Farc llevaban medio siglo luchando por el campo, era menester entregárselos en aras de la paz. A este pronunciamiento hice referencia en un artículo reciente que titulé “Entre copa y copa”(Vid. http://jesusvallejo.blogspot.com/2015/05/entre-copa-y-copa.html).

¿Qué significa que haya coincidencia de Santos con las Farc en lo que toca con el campo? ¿Qué podría seguirse de esa afirmación?

Lo que veo claro es que Santos parece no saber hacia dónde va. Y si lo sabe, es un endemoniado, como lo dijo hoy un oyente de  “La Hora de la Verdad”, pues lleva la nave de Colombia hacia algo similar al espantoso Triángulo de las Bermudas.Podríamos compararlo con el aviador alemán que hace poco estrelló a propósito su aeronave en los Alpes.

Coda:

Manifiesto mi solidaridad con Ricardo Puentes Melo, quien ha tomado el camino del exilio por obra de la persecución judicial.(Vid. http://www.periodismosinfronteras.org/un-periodista-forzado-al-exilio.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+Periodismosinfronterascom+%28PeriodismosinFronteras.com%29).

Cada vez cobra mayor verosimilitud la premonición que ha hecho la senadora Thania Vega sobre el riesgo de desaparición de nuestras libertades.(Vid. http://www.thaniavega.co/blog/el-riesgo-que-tenemos-hoy-en-colombia-es-perder-nuestra-libertad-h-s-thania-vega-de-plazas-en-boyaca/).

¡COLOMBIA, DESPIERTA ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE!