lunes, 8 de diciembre de 2014

¿Crímenes altruistas?

El satanista Karl Marx hizo famoso lo de que “La religión es el opio del pueblo”. De ello hizo Raymond Aron a mediados del siglo pasado una provocadora paráfrasis en la que afirmó que, a su vez, el marxismo es el opio de los intelectuales.

 

Su libro, que lleva dicho título, suscitó la furia de la “intelligentzia” de la época, que, igual que hoy, estaba en buena medida alucinada o drogada  por los vahos pestilentes de la utopía marxista. Sus contradictores no ahorraron epítetos para insultarlo, pero él se mantuvo en lo suyo y libró una de las batallas intelectuales más brillantes que se recuerdan en el panorama espiritual de la cultura francesa. ( Vid. http://minhateca.com.br/maia95/Documentos/Raymond-Aron-El-Opio-de-Los-Intelectuales,3082198.pdf).

 

Para muchos que presuntuosamente viven de la que  Paul Johnson considera una muy discutible función de diagnosticar y curar los males de la sociedad sin más ayuda que su intelecto y se llaman a sí mismos intelectuales, el modelo social que esboza dicha utopía es intrínsecamente justo y constituye, por consiguiente, el Norte que debe guiar los esfuerzos de la especie humana hacia su mejoramiento y su cabal realización.(Vid. http://losdependientes.com.ar/uploads/0j27t06rvy.pdf).

 

De ahí que se diga que los que luchan de distintas maneras para imponer ese modelo lo hacen movidos por un ímpetu altruísta que, a su juicio, disculpa los errores y excesos en que puedan incurrir.

 

La construcción de una sociedad comunista es para ellos la gran tarea que debe emprenderse en beneficio de la humanidad. Significa, ni más ni menos, un severísimo compromiso moral, tal como  lo muestra el célebre filósofo español  José Luis Aranguren en su libro “El Marxismo como moral” (Vid. http://www.moviments.net/espaimarx/els_arbres_de_fahrenheit/documentos/obras/1260/ficheros/Aranguren_El_marxismo_como_moral.pdf). Y ese supuesto compromiso moral conduce a juzgar con benevolencia y hasta con admiración a quienes, según ha dicho alguno por ahí,"matan para que otros vivan mejor".

 

Es bien sabido, por ejemplo, que el Che Guevara no se paraba en pelillos para matar o hacer matar a otros. Lo hacía sin estremecerse. No obstante, Sartre, a quien Bernard-Henri Lévy proclamó como el gran pensador de la pasada centuria en “El Siglo de Sartre”, no tuvo escrúpulo alguno para escribir, a propósito de la muerte del famoso revolucionario argentino, que con él  no solo había desaparecido un gran intelectual, sino “el ser humano más completo de nuestra época” (Vid. http://www.critical-theory.com/incredible-candid-photos-of-jean-paul-sartre-and-simone-de-beauvoir-in-cuba/). He ahí una buena muestra de que el estrabismo de Sartre no solo era ocular.

 

Los intelectuales, desde sus cómodos palacios de cristal y sus elevadas torres de marfil, entran en éxtasis frente a los hombres de acción que, siguiendo la consigna de Marx, no se limitan a interpretar el mundo, sino que se aplican con denuedo a transformarlo.

 

Para ellos, sus metas ideales tienen muchísimo más valor que las realidades que aspiran a modificar. Por consiguiente, las ilusorias vidas felices de quienes todavía no existen y no se sabe si llegarán a existir ni en qué condiciones, prevalecen de modo absoluto sobre las vidas infelices de seres de carne y hueso  que, de grado o por fuerza, sabiéndolo o no, se considera que ameritan sacrificarse en función de la utopía comunista.

 

Koestler, en “El Cero y el Infinito”, desnuda esta terrible dialéctica que afirma que la existencia individual vale cero o nada frente al infinito valor de la felicidad colectiva del futuro que promete la ideología. Es libro que conviene releer.(Vid.http://www.omegalfa.es/downloadfile.phpfile=libros/el.cero.y.el.infinito.pdf).

 

Que la del Comunismo es una ideología criminal, no solo por los métodos de conquista del poder que aplica, sino por el modo como lo ejerce cuando llega a alcanzarlo, lo demuestra “El Libro Negro del Comunismo”, que se publicó hace varios años y, como el de Koestler, amerita relectura permanente.(Vid. http://www.defenderlapatria.com/el%20libro%20negro%20del%20comunismo.pdf). Sus autores le adjudican la no despreciable cifra de más de cien millones de muertes a lo largo del siglo pasado. Y uno se pregunta si ese genocidio ha dado lugar a que la humanidad viva mejor o, por el contrario, ha contribuido decisivamente a su degradación.

 

El fracaso del Comunismo es palmario y no se ve, francamente, cómo puede sostenerse que los ríos de sangre que sus promotores han hecho correr en Colombia prometen que nutrirán la savia para un futuro mejor, cuando este se materializa en condiciones tan precarias como las que padecen hoy los pueblos de Cuba y Venezuela.

 

Leo hoy en El Colombiano que las Farc son el noveno grupo terrorista que más muertes ha ocasionado entre 2000 y 2013 en el mundo (http://www.elcolombiano.com/en-terrorismo-colombia-esta-entre-los-20-peores-del-mundo-LM842793).

 

Hasta ahora, lo que han sembrado se resume en muerte, destrucción y angustia para millones de colombianos. ¿Por qué creer que ahí anida la esperanza de una vida mejor para nuestro sufrido pueblo?

 

Presentar al revolucionario como modelo de ser humano cabal, digno de ser imitado y de servir de guía de la realización de la sociedad llamada a satisfacer las necesidades profundas de nuestra especie, no deja de ser una cruel impostura. Ese revolucionario es, en realidad, un psicópata delirante que ha perdido la noción de la realidad, carece de toda conmiseración para con sus prójimos, ha desarrollado una hipertrofia maligna de su ego y actúa movido por sus más perversos impulsos. Es un resentido sediento de sangre.

 

No es el altruismo lo que lo anima, sino su carácter demoníaco, tal como lo describió admirablemente Dostoiewsky en “Los Poseídos”(Vid. http://www71.zippyshare.com/v/16417050/file.html). De ese carácter tenebroso han dado muestras elocuentes las Farc a lo largo de más de medio siglo de crueles depredaciones.

 

Todo pensamiento político contiene alguna reflexión sobre la violencia. El punto de partida es su realidad en todas las esferas de la vida de relación. Pero hay diferentes maneras de interpretarla y evaluarla, que dan lugar, desde  luego, a diferentes ideologías. Estas, en términos generales, pueden clasificarse en dos grandes grupos: las que promueven el control de la violencia y las que la estimulan.

 

El pensamiento civilizado se mueve en torno de lo primero. Ante la imposibilidad de erradicarla de la vida social, que es ante todo un sistema de atracción, simpatía o consenso, se esmera en ofrecer razones para que la monopolice la autoridad pública, pero siempre que se la ejerza dentro de rigurosos condicionamientos morales, jurídicos y políticos.

 

Pero otros modos de pensamiento político consideran que la violencia es un hecho determinante en las sociedades,  que recorre a todo lo largo y ancho las estructuras colectivas y las penetra, bien sea de manera abierta o solapada. A partir de la constatación de ese hecho, consideran que las sociedades son esencialmente conflictivas y la gran cuestión a dilucidar radica en establecer en manos de cuáles actores sociales han de quedar sin talanqueras los recursos del poder y contra cuáles otros habrá qué enderezarlos de modo implacable.

 

El Marxismo-leninismo adhiere, como el Nazismo, el Fascismo y, en general, los Totalitarismos, a esta segunda  concepción, que es radicalmente incompatible con la primera.

 

Como las Farc no han renunciado a esa ideología de la violencia, insisto en que un acuerdo con sus delegados en La Habana, cualquiera sean sus términos, no lo será de paz, sino de tregua. Las Farc, en consecuencia, lo tomarán como un hito en su proceso de asalto del poder y continuarán actuando dentro del esquema bien conocido ya de combinación de las formas de lucha, unas dentro del orden de la legalidad y otras tendientes a subvertirla, siempre con el fin de imponernos un régimen totalitario y liberticida. No nos matarán para que otros vivan mejor, sino para sojuzgar a los que sobrevivan a su dictadura.

 

Como lo ha dicho el hoy senador Uribe Vélez, no solo es inconcebible que la agenda de la patria se negocie con el terrorismo, sino que, en función de una tesis muy parcializada sobre la naturaleza del delito político, se considere que su lucha contra un sistema de democracia y libertades, todo lo imperfecto que sea, es de índole altruista.

 

En mis cursos universitarios solía advertirles a mis estudiantes que el mito no es exclusivo de las religiones y que hoy lo encontramos firmemente arraigado en el derecho y en la política. Lo de los crímenes altruistas de los guerrilleros colombianos no es otra cosa que un mito, pernicioso como el que más.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

¿Paz o tregua?

Las Farc constituyen una tenebrosa organización criminal animada por una no menos tenebrosa ideología política.

 

Sobre lo primero parece haber consenso, pues está claro que no solo son uno de los más poderosos actores del narcotráfico mundial, sino el segundo o tercer grupo terrorista más rico en todas las latitudes. Bien ganada tienen la calificación de  narcoterroristas. Su prontuario es espeluznante.

 

Hay que admitir, sin embargo, que sus motivos y sus finalidades son políticos. Lo que buscan es destruir las estructuras de poder existentes en la sociedad colombiana e instaurar otras que obedezcan al credo marxista-leninista que las inspira. Son, en efecto, una organización revolucionaria. Sus dirigentes así lo reiteran sin esguince alguno: el suyo es, como lo he dicho muchas veces, un proyecto totalitario y liberticida.

 

Esto plantea de entrada la cuestión de en qué medida es posible la convivencia pacífica entre proyectos políticos inspirados en el liberalismo que Raymond Aron consideraba como el techo común capaz de albergar a la derecha no extremista y la izquierda no totalitaria, y proyectos radicalmente antiliberales como los de las Farc y el Eln.

 

Después de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los países del mundo occidental encontraron unas fórmulas de convivencia civilizada entre diversos proyectos  fundados en ideologías y programas de acción muchas veces divergentes, pero todos ellos fundados en la idea de que la lucha por la conquista del poder, así como el ejercicio del mismo, deben someterse a reglas de juego claras aceptadas lealmente por todos los actores políticos. Fue de ese modo como lograron instaurar la democracia pluralista que garantiza tanto la libre expresión de todas las opiniones, cuanto lo que en los albores del constitucionalismo moderno se denominaba el gobierno alternativo y responsable. Este es, evidentemente, resultado de la idea de que el poder debe ejercerse de acuerdo con las variaciones que se produzcan en el seno de la opinión pública.

 

En el fondo, el régimen que terminó imponiéndose puede considerarse como el de la opinión soberana. De ahí que sus reglas fundamentales giren en torno de cómo se forma esa opinión, cómo se manifiesta, cómo accede al poder y cómo debe de ejercérselo de suerte que el libre juego de opiniones lo nutra y ponga a tono con las necesidades comunitarias.

 

Quizás hoy ese régimen esté en dificultades en distintos países, tal como se advierte hoy en Francia, en España, en Italia, en Grecia e incluso en Estados Unidos, según lo insinúa sobre este último un libro de reciente aparición que alerta sobre los riesgos de guerra civil que se ciernen sobre su futuro inmediato (Vid.http://www.renewamerica.com/columns/vernon/141125).

 

Pero es un régimen que no solo ha garantizado la paz política en países que en el siglo pasado estuvieron sometidos a gobiernos dictatoriales, sino la paz social entre las fuerzas del capital y del trabajo. Resultado de ello ha sido una época de progreso económico y bienestar humano nunca antes conocidos en toda la historia.

 

No fue fácil consolidarlo. Por ejemplo, la presencia en Francia y en Italia de unos partidos comunistas que al término de la guerra contaban con votos suficientes para ponerlos en vilo, exigió altísimas dosis de sabiduría política y buen manejo gubernamental para neutralizarlos. Es una historia que convendrá examinar más en detalle para extraer de ella las mejores lecciones en torno de la realidad colombiana de hoy.

 

El gran contendor de la democracia pluralista no fue el tradicionalismo, como ocurrió con los proyectos liberales del siglo XIX y principios del siglo XX, sino el totalitarismo marxista-leninista que se impuso en Europa Oriental, en China, en Corea del Norte, en Cuba y en varios países africanos. Fue ese sistema el que suscitó las inquietudes que expuso Revel en su famoso libro “La Tentación Totalitaria”.

 

Pero los acontecimientos de fines del siglo pasado parecieron dar al traste con él, dado que la Unión Soviética y los que antaño se llamaban países “satélites” suyos, viraron hacia el régimen pluralista. Y países en donde se han mantenido las estructuras políticas del Estado totalitario,  como es el caso de China o el de Vietnam, modificaron al menos su sistema económico para ajustarlo a los moldes del capitalismo.

 

A comienzos del siglo XXI el régimen totalitario marxista-leninista había quedado reducido a dos países que ofrecen muestras elocuentes de sus rotundos fracasos:Cuba y Corea del Norte.

 

Esto les hace pensar a no pocos ingenuos que la tentación totalitaria es cosa del pasado y que bastaría con ofrecer algo de apertura democrática para atraer pacíficamente a los guerrilleros de las Farc y el Eln al redil pluralista, del mismo modo como se logró hace ya cerca de un cuarto de siglo la inserción del M-19, el Epl y otros cuantos más al ordenamiento constitucional de 1991.

 

Resulta que la situación actual difiere sustancialmente de la de esa época, cuando se creía que la tentación totalitaria estaba totalmente superada y el proyecto comunista iba hacia su definitiva liquidación, tal como lo anunciaba Fukuyama con infundado optimismo en su libro “El Fin de la Historia”(Vid. http://firgoa.usc.es/drupal/files/Francis%20Fukuyama%20-%20Fin%20de%20la%20historia%20y%20otros%20escritos.pdf).

 

Pero la historia reserva muchas sorpresas y, como lo dijo Raymond Aron en alguna oportunidad, es trágica. Cuando se creía en la muerte del comunismo, Fidel Castro y Lula se aplicaron a reanimarlo a través del Foro de San Pablo, presentándolo con otro ropaje. Bajo su inspiración, en varios países de América Latina los comunistas han llegado al poder por la vía electoral, para ejercerlo luego con aparente sujeción a las formas del Estado de Derecho, pero distorsionándolas hasta el punto de instaurar de hecho verdaderas dictaduras. Es, a no dudarlo, el caso de Venezuela.

 

Se habla, para referirse a esta modalidad de régimen político, de “democracias iliberales”, que han perdido la noción del pluralismo y se acercan al modelo totalitario. No hay que olvidar que la idea democrática puede dar lugar a dos vertientes antagónicas, la liberal y la totalitaria.

 

Los partidarios de los diálogos de La Habana creen que es posible convencer a las Farc de su renuncia a la toma del poder por la vía de las armas, a cambio del otorgamiento de garantías para que lo busquen por la vía electoral.

 

Pero en parte alguna los voceros de esa guerrilla narcoterrorista han dado muestras de esa renuncia. Dicen que no entregarán las armas, pues pretenden conservarlas hasta que consideren que las condiciones de los acuerdos se hayan cumplido a satisfacción suya. Tampoco aceptan la desmovilización de sus efectivos, es decir, la desarticulación de sus estructuras armadas, pues aspiran a mantenerlas latentes, siempre y cuando las fuerzas del Estado se mantengan en lo mismo. En el fondo, pretenden que los acuerdos a que se llegue instauren lo que se llama un cese bilateral al fuego, que ate a la autoridad legítima y les deje las manos libres para continuar su labor de zapa en las comunidades rurales y, por supuesto, en los núcleos urbanos.

 

La paz y el postconflicto de que se habla tienen todos los visos de una tregua en que la autoridad legítima llevaría todas las de perder. De ese modo, los procesos electorales contarán con la presencia de actores armados que podrán ejercer presión sobre las comunidades para impedir que se vote por los actores desarmados y obligarlas a hacerlo por los candidatos de las guerrillas. Las fuerzas armadas de la república se verán confinadas a sus cuarteles, mientras que las fuerzas irregulares de la subversión comunista tendrán vía franca para ejercer sus depredaciones en todo el territorio nacional. Ya lo han hecho, en escala ciertamente limitada, en las últimas elecciones, cuando entrabaron las campañas del Centro Democrático y obligaron en algunas regiones a votar por Santos y la Unidad Nacional.

 

¿Están en capacidad las Farc y el Eln de tomarse el poder a través de unas elecciones? Hay quienes dicen que eso sería imposible y que más bien por ese camino cabría esperar que se adaptaran a los mecanismos democráticos. Pero cuando se conoce su ideología, no resulta aventurado pensar que los aprovecharán para sentar las bases de posteriores acciones tendientes a instaurar la dictadura a que tampoco han renunciado.

 

La dirigencia colombiana parece ignorar que la democracia solo puede funcionar adecuadamente si se dan ciertos supuestos, dentro de los cuales figura lo que Álvaro Gómez Hurtado llamaba los acuerdos sobre lo fundamental. Y entre la democracia pluralista y la totalitaria esos acuerdos son prácticamente imposibles. No hay un régimen intermedio capaz de integrar esas dos versiones que se repelen recíprocamente como el agua y el aceite.

 

Por eso pienso, retomando un planteamiento de  José Félix Lafaurie, que el rumbo que al parecer llevan los diálogos de La Habana conduce en últimas a dividir el país en dos grandes segmentos: la ciudad, regida por la política tradicional, y el campo,  sometido a la férula guerrillera. Esa división, por supuesto, no garantizaría la paz, sino la continuación del conflicto bajo nuevas condiciones muy favorables para los comunistas.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Lo que vendrá

Llamo la atención sobre tres textos que he encontrado en estos días acerca de los propósitos del Nuevo Orden Mundial (NOM).

 

El primero de ellos procede de  ELISHEAN, un sitio francés que muchos podrían considerar heterodoxo, pero ofrece informaciones que ameritan examinarse cuidadosamente. En una de sus recientes entregas, transcribe el  supuesto discurso de clausura de la última reunión del Club Bildelberg. Aunque se dice que es un documento “Top Secret”, de alguna manera se filtró a los medios, a menos que se trate de una falsificación. Pero su contenido ofrece visos de autenticidad, no obstante lo alarmante que resulta. Se lo puede consultar aquí: http://www.elishean.fr/?p=43054

 

Ofrezco a continuación el resumen de sus principales planteamientos:

 

1) El discurso parte de la base del propósito de crear una nueva especie humana, la de los superhombres, a partir de los avances de la ingeniería genética. Esta, según se cree, permitiría reparar el cuerpo humano desde su interior mediante células madre, seleccionar los patrimonios genéticos más avanzados y eficaces, frenar o retardar el envejecimiento, aumentar nuestras capacidades físicas y mentales, etc. De ese modo, cabría pensar en individuos que  vivieran doscientos años e, incluso, alcanzaran la inmortalidad física. El hombre llegaría a ser entonces su propio dios y señor. Esa transformación radical de la especie humana es lo que busca conseguir el Transhumanismo.

 

2) Este proyecto viene de tiempo atrás, cuando en las primeras décadas del siglo pasado se logró el mejoramiento de razas animales mediante cruces adecuados. Se pensó, entonces, que lo mismo podría hacerse respecto de los seres humanos. Pero los fracasos del nazismo obligaron a modificar los proyectos eugenésicos, que hoy se sustentan, según se dice, sobre bases más firmes que abren la posibilidad de un nuevo mundo que convendría construir.

 

3) Esa empresa es de proporciones colosales. Resultaría incompatible con un crecimiento indefinido de la población humana y del consiguiente consumo de recursos, por lo que se imponen las consignas de crecimiento cero de la natalidad y la economía. Por otra parte, sería imposible dividir la población en dos castas, la de los inmortales y la de los perecederos. De ahí, la necesidad de obrar con cautela y siguiendo un minucioso plan de acción.

 

4) El objetivo inicial es la despoblación humana, que se lograría mediante un tríptico: hundimiento económico, guerras civiles y epidemias masivas. Mediante esta triple acción se podría reducir el tamaño de la población de 7.000 a 10.000 millones, antes de llegar a la meta de 500 millones de individuos, que es la cantidad que se considera ajustada a las exigencias del crecimiento sostenible. Pero a esto solo se llegaría después de devolver a amplios sectores a las condiciones de la vida salvaje, en las que sería más fácil eliminarlos.

 

5) El gran obstáculo son los Estados nacionales, a los que sería preciso debilitar mediante políticas que favorezcan las migraciones masivas y el fomento de conflictos interiores que conducirían a la aniquilación de grandes masas. Una vez devastados los países por obra de las guerras civiles, se pondría en marcha la difusión de virus letales, como el ébola.

 

6) La gran resistencia se centraría en el eje Rusia-China. Pero sería posible superarla por cuanto el hundimiento económico de China la sumiría en catastróficos conflictos sociales. En cuanto a Rusia, el plan para debilitarla ya está en marcha.

 

7) El desarrollo de la robótica permitiría resolver el problema de mano de obra. Si Mao decía que cada boca para alimentar sostenía dos brazos para producir, con humanoides capaces de realizar el 955 de las tareas que hoy se confían a los humanos, estos sobrarían.

 

8)"Nosotros hemos llegado a ser demasiado numerosos, el planeta no puede soportar el número actual de seres humanos mediante el sistema económico en vigor, nuestro modelo económico es insostenible y no tendremos necesidad de mano de obra. En fin, nosotros podríamos aspirar a vivir eternamente, o casi, realizando entonces una ambición humana cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos".

 

El segundo escrito que quiero destacar es una entrevista con el profesor Carl Djerassi, uno de los inventores de la píldora anticonceptiva. Es posible leer su resumen en el siguiente sitio: http://leblogdejeannesmits.blogspot.com/2014/11/en-2050-on-choisira-la-pma-comme-un.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+blogspot%2Fjeannesmits+%28Le+blog+de+Jeanne+Smits%29

 

También presentaré una síntesis de lo que ahí se dice:

 

1) Para el año 2050, estima el profesor Djerassi que una buena parte de los bebés en el mundo occidental nacerán por fecundación in vitro, es decir, mediante procreación médicamente asistida (PMA).

 

2) Los jóvenes, tanto hombres como mujeres, congelarán sus gametos y luego se harán esterilizar.

 

3) De ese modo, la procreación se dejará para después, cuando las circunstancias se consideren oportunas y aprovechando la conservación del esperma y los óvulos juveniles, que se consideran de mejor calidad. Se tratará de una procreación no “coital”. Por consiguiente, llegará a su extremo la separación entre la actividad sexual y la reproducción.

 

4) Observa Jeanne Smits que así se conjugarán el dominio absoluto de la fecundidad, el eugenismo total y la desnaturalización de la sexualidad, así como de la paternidad y la maternidad.

 

5) La maternidad por encargo se incrementará, pues para muchas mujeres resultará preferible que otras hagan el trabajo de gestación, mientras ellas se liberan de sus incomodidades.

 

6) La sexualidad, privada de su función reproductiva, se limitará a una función recreativa, sin responsabilidades ni consecuencias. Señalo, al margen, que tal es la concepción que se está imponiendo en los cursos de instrucción sexual que se imparten en la educación pública, no solo en los países avanzados, sino en el nuestro.

 

El tercer documento versa sobre los métodos de despoblación del NOM y puede consultarse en el siguiente sitio:

 

http://socioecohistory.wordpress.com/2014/11/14/methods-of-depopulation/

 

Acá se hace referencia a un estudio de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos que va en la misma dirección del discurso atrás mencionado del Club Bildelberg: las consecuencias ambientales de la superpoblación humana podrían resolverse por medio de guerras y pandemias capaces de eliminar a más de 6.000 millones de individuos. Estas serían medidas radicales complementarias de otros, como el agregado de ingredientes esterilizantes al agua potable, los abortos forzados o políticas ambientales que se califican como fascistas por su carácter, más que autoritario, tiránico.

 

¿Qué opinan los lectores acerca de estos proyectos a través de los cuales se aspira a modelar la sociedad del futuro?

viernes, 21 de noviembre de 2014

Muestras del Mal

Nota: Publiqué este escrito en otro blog hace unos años. Para futura memoria, lo incorporo a este Pianoforte.

He escrito varios artículos sobre la trascendencia de la persona hacia estados superiores de espiritualidad que otorgan sentido pleno a la vida humana. Son los estados de santidad a que todos estamos llamados, si bien sólo podemos alcanzarlos mediante el auxilio de la Gracia. Por nuestros propios medios, apenas logramos elevarnos un poco sobre nuestro estado natural.

 

Esto es importante retenerlo, dado que hay una idea muy difundida según la cual la espiritualidad es asunto de técnicas de meditación, de ejercicios mentales y de actitudes positivas que nada tienen que ver con creencias y prácticas religiosas que más bien serían un lastre para su desarrollo. Pero, si así fuera, las altas cumbres que han alcanzado los santos católicos estarían a disposición de los maestros espirituales a la moda y los que siguen sus pasos, a través de manuales que, por ejemplo, nos enseñarían en veinte lecciones cómo igualar a San Francisco de Asís, a San Pedro Claver, a San Vicente de Paúl, a Santa Teresa de Lisieux o a la Beata Teresa de Calcuta, etc.

 

A mis estudiantes solía decirles que todos tenemos la posibilidad de llegar a ser como San Francisco, pero ciertamente con la ayuda de Dios, o la de descender a los peores niveles, por debajo incluso de las bestias. A menudo les citaba el dicho de Pascal: “El hombre no es ángel ni bestia”.  Pero es en potencia  lo uno o lo otro, y en ello reside el drama de su libertad.

 

Como ejemplo de la segunda alternativa acostumbraba mencionarles el penoso ejemplo de Pablo Escobar.

 

Para exaltar a mis discípulas, les ofrecía el paradigma de la Beata Madre Teresa. Mas, para no ofender a alguna en particular, les presentaba un modelo imaginario de los extremos a que podría llegar la maldad de la mujer: el de la atroz Rosario Tijeras.

 

Traigo esto a colación porque hace unos días tomé un taxi para ir al centro de Medellín. Tenía una deuda pendiente con mi amigo Juan Hincapié, el de “Los Libros de Juan”, y quería pagarla antes de Navidad. Lo menciono debido a que el relato que sigue tiene dos colofones y uno de ellos toca precisamente con Juan. Además, me propongo escribir en otra ocasión sobre un tesoro que entre sus libros viejos encontré.

 

Pues bien, como de costumbre, me puse a charlar con el taxista, que resultó bastante locuaz. En un momento dado, me contó que vivió en Aruba varios años y allá se convirtió en el rey de los recicladores. Le pregunté cómo fue a parar a la isla y me contestó que tenía parientes que le dieron albergue para huir de sus enemigos en Medellín. Sentí curiosidad por las “culebras” que lo perseguían y, entonces, soltó la lengua para contar lo que sigue.

 

Comenzó su relato recordando que de niño había sido muy díscolo y proclive a hacer maldades. Desde los 10 años portaba armas de fuego y llegó a capitanear en el Inem de la avenida Las Vegas una banda de 70 jóvenes delincuentes. La puso al servicio de los capos del narcotráfico y se convirtió en sicario de Pablo Escobar. Ascendió en la jerarquía del crimen organizado hasta el punto de tener bajo su control una zona de Medellín. Le tocó subir muchas veces a “La Catedral”, el sitio de reclusión que el capo convirtió en sede de sus fechorías, llevando gente que, según sus palabras, entraba caminando y salía después en bolsas que a él le tocaba botar al río.

 

Todo comenzó porque en Castilla, un barrio de la zona noroccidental de Medellín en donde vivía, un vecino tenía la costumbre de darle golpes en la cabeza cuando pasaba a su lado. Como vio en una película que alguien se defendía apretando entre el puño una piedra con la que le partía la cara a su contrincante, decidió hacer lo propio con el que lo molestaba. No sólo le partió la cara con la piedra, sino la cabeza.

 

Pasó en esos momentos por ahí el tristemente célebre Dandenys Muñoz Mosquera, alias “La Quica”, que hoy purga condena por la voladura del avión de Avianca. Muñoz se asombró de su coraje y le pidió que lo acompañara. Le regaló un arma de fuego para que en lo sucesivo no tuviera que defenderse con piedras, lo entrenó y lo hizo guardaespaldas suyo. Al pasar los retenes, él guardaba las armas, pues como era un niño no lo requisaban.

 

Me dijo: “Usted me pregunta por mis maldades. Pues le voy a contar que yo estaba al servicio de un lugarteniente de Escobar y en un partido de fútbol el árbitro pitó un penalty que no correspondía a la realidad. El jefe me dijo que había que matarlo, y así lo hice”.

 

Más adelante, añadió: “La última vez me encomendaron que matara a un personaje que estaba en un restaurante. Llegué con mi gente y como el hombre estaba reunido con otros seis, los matamos a todos. Nuestros jefes decidieron castigarnos porque se nos fue la mano. A mí me hirieron de siete balazos, pero me salvé. Al salir del hospital, me fui para Aruba, en donde estuve seis  años. Cuando regresé a Medellín me alejé de ese mundo, aunque a veces me buscan; pero yo les digo que soy hombre de paz y no quiero andar en peleas. Así se lo dije al que mató a un hermano mío por problemas que había entre ellos. Muchos de los que fueron mis compañeros están muertos, presos o desaparecidos”.

 

Mientras escuchaba estas historias, yo no sabía si bajarme del taxi o pedirle que alargara la carrera para dar pábulo a mi curiosidad. Pero no hice lo uno ni lo otro. Llegamos a lo de Juan, pagué y me despedí diciéndole que Dios le había dado una segunda oportunidad que no debía desaprovechar.

 

Le conté a Juan por las que acababa de pasar. Y Juan siguió con su propia historia, pues su padre, el célebre abogado Julio Hincapié Santamaría, fue asesinado a raíz de un pleito cuya contraparte era un personaje de apellido López, llamado “El Padrino”, que fue probablemente el iniciador del narcotráfico en Medellín y para quien trabajaba Pablo Escobar.

 

Dice Juan que un escritor muy conocido en el país tiene muchísimo material sobre Escobar, pero piensa dejarlo inédito. Dentro de las confesiones que le hizo el capo, hay una que coincide con las circunstancias del asesinato de su padre, lo que lo ha llevado a creer que Escobar conducía la Lambretta roja de donde se bajó el sicario que le disparó.

 

Juan conoció años después a un personaje que trabajó con Escobar y le contaba sobre la perversión que le tocó presenciar en la hacienda Nápoles. Por ejemplo, allá llegaban modelos, reinas de belleza, presentadoras de televisión, divas de la farándula, etc., atraídas por los montones de billetes que les ofrecían. Pero el precio que pagaban era oprobioso. La primera noche la pasaban con el capo y sus íntimos. La segunda ya era para el deleite de los segundones. Y en la tercera quedaban a merced de la soldadesca. Se ofrecían sumas exorbitantes a las que se atrevieran a hacer cosas tales como sexo oral con un caballo padrón o tragar cucarachas vivas…Y las descastadas peleaban entre ellas para que las eligieran para tan torpes menesteres.

 

El día de Navidad, una parienta que trabaja en la Fiscalía me contó que tuvo hace un tiempo su despacho en lo que fue la residencia de Escobar, el edificio Mónaco. Ahí hubo que hacer exorcismos, pues se presentaron casos espeluznantes. Por ejemplo, a una alta funcionaria se le apareció un espectro sin cabeza; un vigilante tuvo una visión que lo privó del susto y hubo que hospitalizarlo; mi parienta oyó pasos una noche en que no había nadie más adentro del edificio; y su hijita no quiso que la volviera a llevar a su oficina, porque, según le dijo, en ese lugar había “monstruos”.

 

Todo este relato ilustra sobre aspectos tenebrosos de los extremos de maldad a que puede llegar el ser humano.

 

El papa Benedicto XVI ha dicho que esas manifestaciones no son susceptibles de explicación natural. Sólo una realidad que supera los datos de la naturaleza puede darnos a entender por qué sucede el mal. Esa realidad es espiritual y, más precisamente, demoníaca, como bien los saben tanto quienes han sido víctimas de fenómenos de posesión u otros conexos, como los exorcistas que los enfrentan. Ni los neurólogos, ni  los psicólogos, ni los psicoanalistas, ni los psiquiatras , pueden dar razón de su ocurrencia, pues nada en el mundo natural ofrece analogías convincentes para explicarlos.

 

Esta mañana, uno de mis corresponsales de Twitter, @Mike_friesen, difundió este mensaje que viene oportunamente al caso: “Religion is lived by people who are afraid of hell. Spirituality is lived by people who have been through hell.-Richard Rohr”.

 

“La religión se vive por gente que le teme al Infierno; la espiritualidad, por gente que lo ha atravesado”. Esta reflexión de Richard Rohr es análoga a la que hace Papini al cierre de su presentación de “El Diablo”: “Se puede entrar al reino de Dios hasta por la puerta negra del pecado”.

 

En efecto, el mal nos revela la realidad del Infierno y de su patrón, el Demonio. Los que hemos experimentado el descenso a sus simas sabemos bien de qué se trata. Y sabemos bien, igualmente, que sólo por la Gracia de Dios no nos hemos hundido en él, en ese “mar profundo” que recuerda la intensa letra del tango “Madre”.

 

Ello significa que muchas veces, para poder apreciar la luminosidad de las altas esferas, es preciso haber conocido antes la pavorosa negrura de los abismos.

 

La espiritualidad exhibe, por consiguiente, dos caras: la del Bien y la del Mal. Es un mundo invisible que se pone de manifiesto en el mundo visible, pero es refractario a las mediciones y los experimentos de laboratorio. Pero ello no significa que lo sea a toda experiencia, tal como lo acredita en lo que a su lado oscuro concierne el padre Juan Gonzalo Callejas en su impresionante libro “En Contra de la Brujería”, que publicó recientemente Intermedio Editores en Bogotá.

 

Hace poco me permití “trinar” esta reflexión: el mal radical hace que muchos duden de Dios, pero acredita sin lugar a dudas la existencia del Demonio.

 

Agrego ahora que por esta vía oscura llegamos a establecer como requisito sine qua non de la racionalidad del mundo y, sobre todo, de nuestra existencia, la creencia en Dios, pues sin éste todo sería absurdo y tendríamos que admitir, como lo han hecho ciertas tendencias gnósticas, que su lugar lo ocupa una entidad maligna. Pienso que el argumento de razón práctica que esgrime Kant para defender la existencia de Dios y la supervivencia del alma después de la muerte del cuerpo, va en esta dirección: hay que suponer a Dios, porque de lo contrario habría que prosternarse ante el Demonio.

 

De hecho, abundan hoy en día los que han adoptado esta última alternativa. El satanismo y el luciferismo constituyen siniestras realidades de la sociedad contemporánea, aún en los países más avanzados. Malachi Martin calculó que en  la última década del siglo pasado había más de ocho mil templos satánicos en Estados Unidos. Y en Europa occidental se mencionan numerosos casos que ilustran sobre su conspicua presencia en muchas partes. Llega a creerse, incluso, que la criptocracia que controla los hilos del poder en el mundo es de índole satánica. Tal es el tema del libro que varias veces he citado,  “Blood on the Altar”, de Craig Heimbichner.