miércoles, 17 de noviembre de 2010

Mis razones contra Santos y Vargas Lleras

Ana Rosa Camacho, una de mis amables corresponsales de internet, me escribió hace poco una nota relacionada con el mensaje que le hice llegar a William Calderón acerca del cambio  de la terna para la Fiscalía General de la Nación que decidió en estos días el presidente Santos.

Me dice que, si bien no comparte mis algunos de mis planteamientos, celebra volver a leer mis escritos, pues le había llamado la atención mi silencio de varios meses.

Este mensaje de estímulo, al igual que los que me han hecho llegar otros queridos amigos, ha dado pie para que reanude el contacto con mis pacientes lectores, haciendo que venza el desgano que me había invadido y la decepción que algunos desaires me causaron.

Así le respondí a mi gentil corresponsal, en texto que quiero compartir con los lectores del blog:

“Apreciada Rosa Ana:

Gracias por su comentario. Aprecio que, al igual que otros buenos amigos, haya echado de menos mis escritos. Por lo pronto le he dado vacaciones a mi blog, no sólo por algo de cansancio, sino por la idea de que se trata de una acción estéril, que es lo que según un poeta austríaco no se perdona.

El amigo William Calderón me invitó esta semana a participar en su programa La Barbería, que se transmite por Cablenoticias. Lo pasó el jueves a las ocho de la noche, pero lo repite varias veces a lo largo de la semana. De ese modo, me hizo romper el silencio que he venido guardando acerca del reciente acontecer político.

Como suele sucederme, ando en contravía. Aunque las encuestas muestran un alto grado de satisfacción con el gobierno actual, descreo de sus manejos y sus orientaciones. Veo una preocupante tendencia a la claudicación en asuntos de enorme gravedad. Y si bien cada alcalde manda en su año, lo que significa que pone su propio sello en sus actuaciones y se deslinda así de sus antecesores, no dejo de observar que el trazado de fronteras con la administración Uribe se ha hecho a veces de modo que invita a algunos a pensar que Santos no es del todo leal con un gobierno del que hizo parte y le dio la oportunidad de llegar al poder que ahora ejerce.


Soy escéptico acerca del giro que se ha dado en torno de las relaciones con Venezuela y Ecuador.


Lo de la nueva mejor amistad que ahora pregonan Santos y Chávez se parece a mi juicio a la de Hitler y Stalin cuando se firmó el pacto germano-soviético de no agresión en 1939, porque es de dientes para afuera, oportunista e hipócrita. No puede ignorarse que el propósito de Chávez respecto de Colombia es avasallarla o, por lo menos, neutralizarla. Tampoco es un secreto que el incremento de su poder militar, incluyendo el nuclear, va mucho más allá de la agenda de la legítima defensa y entraña proyectos de amplio espectro, como la destrucción del imperio norteamericano. Chávez continúa de ese modo el sueño delirante del joven Castro que tanto mal les ha hecho a los cubanos.


No veo cómo aplaudir el giro de las negociaciones con Ecuador, cuando el gobierno de Correa mantiene su actuación ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos buscando que a Colombia se la condene como país agresor por el bombardeo del campamento que Raúl Reyes tenía al parecer a ciencia y paciencia del gobierno ecuatoriano.


Nunca me gustó el conflicto del presidente Uribe con la Corte Suprema de Justicia y así se lo dije por escrito en alguna ocasión. Consideré también un error la integración de la primera terna que presentó para reemplazar al fiscal Iguarán, y así lo manifesté públicamente. Pero en la gestión del ministro Vargas Lleras e incluso la de Santos a esos respectos se advierte no poco de espíritu de claudicación y hasta de componenda.


No hay que olvidar que la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia pidió por unanimidad que se investigara a Santos por falso testimonio en el sonado caso del contraalmirante Arango Bacci. Ese es un delito de enorme gravedad cuando se trata de una figura de la vida pública. Fue ese precisamente el delito que provocó la caída del presidente Nixon. Estando sub júdice por ese delito, me pareció que Santos no debía de ser candidato ni mucho menos ser elegido Presidente. Pero el país ignoró esa circunstancia y lo eligió como tal.


No creo, sin embargo, que él haya olvidado que su conducta en ese oscuro asunto está hoy bajo el escrutinio de la Fiscalía, a la que la Corte remitió su investigación. No era elegante, pues, que él cambiara la segunda terna que presentó el presidente Uribe por otra en cuya confección es de presumirse que consideró que podría favorecerlo en la investigación que sobre sus actuaciones ordenó la Corte Suprema de Justicia.


Claudicar ante ésta se inscribe también dentro de la lógica de aplacarla en relación con el caso Arango Bacci.


Es bien sabida la enemiga que se profesan recíprocamente Uribe Vélez y Vargas Lleras, por cuanto éste fue uno de los artífices del fracaso de la reelección de aquél.


Es claro que Vargas tenía el propósito de frustrar la elección de alguno de los integrantes de la segunda terna para la Fiscalía que presentó Uribe. Y nadie ignora que Vargas Lleras tiene agentes y amigos en la Corte Suprema de Justicia. Así, a pesar de las declaraciones que inicialmente dio su jefe, Santos, pidiéndole a la Corte que eligiera fiscal de entre los integrantes de esa terna, Vargas se dio a la tarea de insinuarle a esa corporación que pidiera otra.


Con la arrogancia y la desfachatez que lo caracterizan, ha salido a decir que lo que hizo el presidente Santos en este caso no es susceptible de demanda alguna y que había que destrabar a como diera lugar la elección de nuevo Fiscal, pues el país no resiste más la interinidad en ese alto cargo.


Alto ahí.

Un funcionario no puede decir en un Estado de Derecho que las decisiones gubernamentales no son susceptibles de control jurisdiccional, pues éste es cada vez más amplio y se extiende a campos que antaño se consideraban exentos del mismo, como el de los actos políticos o de gobierno. Y nadie puede hoy en día garantizar el resultado de los procesos judiciales.


¿Qué pasaría si eventualmente la jurisdicción le diera la razón al magistrado Velilla en las muy sensatas y disertas apreciaciones que ha hecho acerca del descalabro jurídico que entraña la presentación de nueva terna para le elección de Fiscal que acaba de hacer el presidente Santos?


Tratando de curarse en salud, Vargas, a quien sus conocidos en Bogotá llaman Varguitas, obtuvo de la Sala de Consulta y Servicio Civil del Consejo de Estado un concepto favorable al cambio de la terna. Como no se lo ha dado a conocer al público, nada se sabe a ciencia cierta sobre le enjundia jurídica de ese proveído. Lo que se sabe es que con base en el mismo, el Presidente presentó una nueva terna a la Corte, sin cuidarse de darles aviso de ello a los integrantes de la que estaba en juego ni de producir un acto administrativo que la revocara. Así, con extrema informalidad, Santos le escribió a la Corte manifestándole que tenía nuevos candidatos para el cargo en cuestión.


Lo que ha trascendido en un país en que nada queda oculto y los sapos cantan hasta La Marcha de Garibaldi, por no decir La Marsellesa, es que antes, durante y/o después de la expedición del concepto, los que lo emitieron andaban por la Casa de Nariño haciéndole el mandado al Ministro.


Insinúa el magistrado Velilla que, además, el Ministro ha tenido en la Corte Suprema de Justicia amigos que le han hecho diligentemente la tarea de entorpecer la elección de Fiscal de entre los miembros de la segunda terna que presentó Uribe Vélez.
Este es un episodio bochornoso a más no poder. Que la Corte por animadversión a Uribe se haya negado a elegir Fiscal es algo que colinda con el prevaricato.


Recuerdo que cuando los escándalos de Samper, en el ascensor del edificio de EDA en Medellín alguien tuvo la feliz iniciativa de poner un letrero con este enunciado:"Cuando los de arriba pierden la vergüenza, los de abajo pierden el respeto". Y es lo que dolorosamente está sucediendo en Colombia. El mal ejemplo que ha dado la Corte al dejarse llevar, más que por la pasión política, por una animadversión personal, contribuye a corromper a los jueces del país.


Y si el mal proceder de la Corte ha contado con la colaboración del ministro Varguitas, al asunto no hay otro término para asignarle que el de contubernio o, como decía el viejo Derecho de Familia,  el de "Dañado y punible ayuntamiento".


Lo que ha dicho el magistrado Velilla es de tremenda gravedad.  Si él miente, sea anatema. Pero si está en lo cierto, andamos en muy malas manos y, como decimos los zafios antioqueños, "Moliendo con yeguas".


Dos últimas observaciones, por lo pronto.


Una de las características de la cultura santafereña es el aprecio por las buenas maneras. Al fin y al cabo, en Santa Fe hubo virrey y algo así como una corte virreinal, en las que prima el imperio de las formas. El protocolo es algo sagrado en esos medios.


Este tipo de cultura ofrece aspectos positivos y negativos. Los primeros tienen que ver con que brinda canales adecuados para facilitar la vida de relación, en la que el respeto recíproco es condictio sine qua non. Otro aspecto positivo es de orden estético. No en vano se habla de la distinción que exhiben las personas bien educadas. Da gusto encontrarse con ellas y cultivar su trato. Suscitan admiración, se las llama distinguidas. No entraré en el detalle de sus aspectos negativos, como la hipocresía o la altivez.


Uno de los peores pecados dentro de ese medio es comportarse como un guache, con vulgaridad e irrespeto hacia los demás.

Pues bien, Santos y Varguitas son de rancia estirpe santafereña, por no decir cundi-boyacense. Y uno esperaría de ellos que obrasen haciendo honor a sus ancestros. Pero no ha sucedido así con los integrantes de la terna que ha estado sometida al escrutinio de la Corte Suprema de Justicia, con quienes se ha pretendido barrer el suelo.

Los ternados no sólo han recibido la invitación de parte del gobierno para que se los honre con una elección y participen de los gajes del poder: remuneración, influencia, prestigio, etc. Ellos, además, han ofrecido sacrificarse para prestarle un dificilísimo e ingrato servicio a la comunidad. Son dignos de respeto por esta sola consideración. Además, desde el punto de vista personal, el magistrado Velilla, el ex magistrado Gómez y la procuradora Cabello merecen todas las consideraciones, a punto tal que la retrechera Corte no ha podido declararlos inviables para la alta posición a que legítimamente aspiran.


Ellos no padecen de otro impedimento que haber sido candidatizados por el hoy ex presidente Álvaro Uribe Vélez. Pero Santos y Vargas los han maltratado de tal manera que uno se inclina a pensar que el gobierno de los peones no es el de Uribe, como perversamente se ha dicho, sino precisamente el de los que ahora posan de cachacos.


El odio contra Uribe, del que se ha hecho eco este gobierno a través del ministro Varguitas, ha llevado a afirmar que todo candidato suyo resulta sospechoso de favorecer sus crímenes. A la Casa de Nariño trajeron a uno de sus más apasionados detractores, el vocero de HRW, quien dijo que convendría que  la elección se hiciera prontamente, pero con otros protagonistas que no estuvieran vinculados con Uribe, como si Santos no hubiese sido su ministro de Defensa y, como tal, protagonista de la política de seguridad democrática que ahora se pretende presentar como una política criminal.


En fin, Santos y Vargas no le han dicho al país cuáles son las ventajas de la nueva terna sobre la anterior, vale decir, en qué supera mi apreciado amigo Juan Carlos Esguerra a mi discípulo Marco Antonio Velilla, por qué resulta preferible el ex procurador Arrieta  al ex magistrado Gómez, o cuáles son las prendas y tesoros que hacen más atractiva a la ex congresista Vivian Morales que a la doctora Cabello Blanco.


He dicho que en este tema de tamaña importancia todos los protagonistas, comenzando por el presidente Uribe y su ministro Valencia Cossio, no han hecho sino acumular error sobre error.
A decir verdad, la Fiscalía, que se creó con las mejores intenciones por los constituyentes de 1991, es una figura que está en crisis, como también lo está todo el sistema judicial y, por qué no decirlo, todo el sistema constitucional. He dicho que nos rige, con la Constitución de 1991, un Código Funesto. Pero no me atrevo a pedir que la cambien, pues el espíritu de los tiempos sopla  hoy hacia lo peor.


Le ruego perdonar la extensión y el tono de estas reflexiones, pero su comentario pulsó ciertas cuerdas en mi interior.


Cordialmente.


Jesús Vallejo Mejía”

1 comentario:

  1. Apreciado Profesor Vallejo,

    Muy buen dignóstico. Lo comparto. Veo además que su benevolencia con la actitud de la CSJ ha devenido en crítica fundada. Este ha sido mi juicio desde el principio, pues además de Santos y VLL, la Suprema también va venido de error en error... El antecedente es nefasto, y en su odio irracional, la Corte elegirá un Fiscal nominado por el Jefe de un Gobierno al que debe vigilar.

    Cordialmente,
    Iván.

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