jueves, 20 de agosto de 2015

¿Quién le pone el cascabel al gato?

Dice uno de los biógrafos del Gran General Tomás Cipriano de Mosquera que cuando su esposa doña Amalia Arboleda se enteró de que lo habían elegido presidente de la Nueva Granada, exclamó, palabra más palabra menos, lo siguiente:"¡Por Dios! Tomás en la presidencia es como soltar un gato en un pesebre!".

Bien podría haber dicho más bien un mico, en lugar de un gato.

De cualquier modo, de su temperamento agitado y veleidoso tal era lo que razonablemente cabía esperar de su gestión, aunque, a Dios gracias, en su primer mandato no se cumplieron los oscuros augurios de Doña Amalia. Y en los que ejerció después, los radicales se encargaron de poner coto a sus inquietudes y terminaron sacándolo de la presidencia.

Pues bien, lo que tenemos ahora al mando de la República es muchísimo peor que un gato, un mico o cualquiera otra especie del Reino Animal. Es más bien algo así como uno de esos alocados emperadores romanos que se hicieron célebres por sus excentricidades.

Muchos de nuestros compatriotas están preocupados, en efecto, por el desorden mental que exhibe Juan Manuel Santos. Su narcisismo, su delirante vanidad, su fanfarronería, su falta de criterio y su carácter errático suscitan dudas razonables acerca de si está en sus cabales y sufre una incapacidad mental permanente, que desde luego es física, para el ejercicio del cargo, susceptible de configurar la causal de falta absoluta cuya declaración le corresponde al Senado, según estipula el artículo 194 de la Constitución.

Los lapsus linguae, las incoherencias, las fallas de memoria, la tendencia patológica al engaño, la fobia que manifiesta contra quienes se atreven a disentir de sus políticas o muestran algún asomo de duda sobre sus bondades, y, sobre todo, la inquietante y continua pérdida del contacto con la realidad hacen pensar seriamente en la insania de quien por desgracia hoy nos gobierna, máxime en momentos en que, como nunca antes en nuestra historia, se juega decisivamente la suerte de Colombia.

Se atribuye a Clemenceau lo de que “La guerra es asunto demasiado serio para dejarlo exclusivamente en manos de los militares”. Bien cabría hacer una paráfrasis de ese famoso dicho para señalar, con base en lo que actualmente sucede en Colombia, que “La paz es asunto demasiado serio para dejarlo exclusivamente en manos de políticos”, sobre todo si son de la calaña de Santos.

Su ciega tozudez lo está llevando a destruir lo poco que queda de nuestro andamiaje institucional. Cada día sale con propuestas insensatas que de inmediato provocan chistes crueles. Pero él y sus áulicos las toman en serio, y como no se para en pelillos al momento de torcerles el cuello a las instituciones, es de temer que a punto de “mermelada”, chanchullos e intimidaciones logre su cometido de demoler toda sana doctrina constitucional y arrodillar al Congreso, la Corte Constitucional y toda otra corporación o persona que intente ponerle freno.

Ha llegado la hora de que seamos los colombianos del común quienes atemos al orate para que no nos hunda en el fangal de sus alucinaciones.

Si no se forma un vigoroso movimiento de opinión que le haga sentir que no queremos que nos entregue atados de pies y manos a los verdugos de las Farc, mañana tendremos que habérnoslas con ellos, no en la selva que por su condición de salvajes constituye su habitat natural, sino en los puestos de mando de la sociedad. Entonces sufriremos en carne propia los rigores de la más cruel y sanguinaria de las tiranías.

¡COLOMBIA: DESPIERTA ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE!

Coda: Ante la imposibilidad de hacerlo personalmente, aprovecho este medio para agradecer los mensajes de condolencia que he recibido y las oraciones que se han pronunciado con motivo del fallecimiento de mi amadísima esposa Victoria Eugenia Mosquera de Vallejo. Que Dios los bendiga a todos.

8 comentarios:

  1. Empiezo por el final. Reciba también mis sentidas condolencias en estos momentos de dolor familiar.

    Doctor Jesús: lo leo con mucha atención. Hay una parte de uno de los párrafos que yo, en lo personal, pero no solo yo, aplicaríamos al expresidente Uribe Vélez. Por ejemplo: "la tendencia patológica al engaño, la fobia que manifiesta contra quienes se atreven a disentir de sus políticas o muestran algún asomo de duda sobre sus bondades". Y otras más. Eso no es exclusivo de Santos. Por el contrario, para muchos colombianos Juan Manuel Santos es más demócrata, más liberal. Efectivamente a veces parece dubitativo, pero le abonamos mayor compromiso con el desarme de los ánimos.
    En cuanto a la mermelada, ¡ay, don Jesús, sí que cundió ésta en el glorioso gobierno uribista! Hay condenas judiciales en firme por dicha razón. El uribismo nunca podrá dárselas de diabético. Golosos con la mermelada fueron hasta reventarse. ¿Cómo, si no, lograron aprobar la reforma constitucional de reelección en 2004?

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    1. "Mas demócrata, mas liberal" Santos? Esos "muchos" Colombianos realmente no se donde están...Demócrata y liberal quien llega a la presidencia de la República engañando al Pueblo Colombiano? Demócrata y liberal quien traiciona al Pueblo Colombiano que lo eligió para algo totalmente diferente a lo que está desarrollando? Demócrata y liberal quien esta entregando el País al comunismo, al socialismo o como quiera llamarse esa corriente que igual engaña al Pueblo haciéndole creer que luchan y lucharon por ellos? Alvaro Uribe Velez accedió a la Presidencia de la República con una plataforma de gobierno que desarrollo; la seguridad sobre todo como principal bandera la enarboló hasta que la Corte Constitucional y sus negros intereses le puso un palo en la rueda argumentando vicios de forma en contravia del clamor popular del constituyente primario que era el pueblo y que había manifestado su deseo...

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  2. Robert Kiyosaki, autor de los libros de la serie Padre Rico Padre Pobre, suele afirmar que cuando alguien pone a consideración de la gente una idea, un producto, un proyecto, etc., la tercera parte de la comunidad siempre está a favor de lo propuesto, la otra tercera parte siempre está en contra, y la restante tercera parte es siempre neutral. Por lo tanto, el proponente, sea este un líder político, un empresario, etc., debe buscar convencer a los neutrales para, así, hacer mayoría y lograr que su idea, proyecto o producto tenga éxito.

    Pues bien, con respecto a las conversaciones de la Habana y el posible acuerdo de paz, todas las encuestas muestran que tan solo una cantidad menor al 30% de la población nacional cree y apoya lo de la Habana. Esto quiere decir que la máxima cantidad de colombianos razonablemente posible ya está despierta y lista para oponerse a una posible futura tiranía.

    El problema, ahora, ya es otro: ¿Qué hacer para que esa mayoría de colombianos decida ese asunto? Como el presidente Santos sabe perfectamente que si el asunto fuera decidido por los colombianos, su proyecto de entregarles el país a las Farc naufragaría. Por eso echó para atrás el referendo y, ahora, quiere imponer el “congresito”, el cual sería de su bolsillo y del de las Farc.

    En teoría, hay una manera efectiva y segura para hacer que el pueblo decida sobre su propio futuro, al decidir sobre el posible acuerdo de paz. Sería segura porque ni Santos, ni Congreso se podrían negar a esa fórmula, que es la siguiente: La refrendación del acuerdo se dividiría en dos partes: 1) Lo que afecte la vida colectiva de los colombianos sería decidido mediante referendo popular, porque se trataría de una propuesta de reforma constitucional. Y 2) Lo que afecte las condiciones de vida, concesiones y responsabilidades, de los integrantes de las Farc, sería decidido por el mecanismo que pacte el gobierno con las Farc; para el cual sería conveniente que haya convenio entre todos los partidos y movimientos políticos representados en el Congreso.

    De esa manera, el pueblo desaprobaría por referendo, lo que haya de tiranía en lo que se le someta a su decisión, como constituyente primario. Asimismo, los miembros de las Farc se reincorporarían a la vida civil con la garantía de que las fuerzas políticas respeten ese hecho, bajo el cumplimiento de las mutuas obligaciones a que entre ellas y las Farc lleguen.

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  3. El señor Iregui debe estar mareado de comer mermelada. Como se le ocurre comparar a Santos con Uribe y llegar a la conclusión de que son iguales! Lo que usted dice lo sabemos todos, solo que usted lo coloca en un contexto claro y usando los vocablos más apropiados. Felicitaciones. Jorge Emilio Restrepo

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  4. En efecto doctor Jesús Vallejo Mejía...De una persona que como Juan Manuel Santos pudo estructurar una traición a su mentor Alvaro Uribe Velez y seguidamente a toda Colombia que lo eligió, realmente puede esperarse lo que sea porque no le interesa nada mas que su ego. Puede contradecirse una y otra vez, evidenciar incoherencia, torpeza; realmente eso no le importa cuando tiene su meta en el premio Nobel de la Paz y pasar a la historia como el presidente que firmó la paz (cuál paz), pero a qué precio; entregando al Estado Colombiano a quien lo ha destruido junto a quienes dijo defender...
    Realmente no entiendo la incoherencia de lo que he llamado, el puñado de Colombianos...por qué razón si están de acuerdo con el comunismo, con ese socialismo o con esa farsa populista, no habían elegido uno de sus candidatos?

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  5. Santos esta tan encerrado solo y desesperado como HITLER en los últimos días en su bunker. Por favor que no vaya a matar a su perro y no envenene a TUTINA que mas bien se mate el solo.
    Fuera JUAMPA déjanos en PAZ

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  6. Ayer en el programa "Reintegración, camino hacia la paz" en RCN, Jaime Castro planteaba una verdad de a puño: no debemos esperar a que la paz emane de la firma de un documento. En eso están de acuerdo tirios y troyanos. Agregaba Castro que la paz es posible cuando el Estado hace presencia en todo el territorio nacional, no solamente armada, sino sobre todo en lo que se refiere a servicios públicos y apoyo a la población en todos los rincones del país. En eso también estamos todos de acuerdo. Pero, aquí viene el punto álgido: ¿Era necesario entablar negociaciones con las Farc para poner en marcha las reformas estructurales y la modernización del Estado en busca de la paz? ¡Por supuesto que no! El Estado, de manera autónoma y soberana ha debido persistir en la lucha contra todas las organizaciones criminales y, si hay en el gobierno una verdadera voluntad de buscar la paz y la prosperidad, emprender sin demora las reformas y las inversiones que demande la modernización del país. Pero a la clase política colombiana le acontece lo que el lunático Trump dice de la estadinense: son una clase política vanidosa e insensible, cuyo único merito es su habilidad para hacerse reelegir una y otra vez. Y aquí en Colombia, ¡a qué costos, por Dios! El orate que nos gobierna lo que está haciendo es pavimentando el camino para que se establezca en Colombia la peor y más sanguinaria dictadura: la dictadura de las botas pantaneras que ya hemos padecido los habitantes de la provincia. Sabemos a qué sabe. Por eso hablamos.

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