martes, 17 de marzo de 2015
miércoles, 11 de marzo de 2015
Otro cóctel de vodka y agua bendita
Creo que fue Guillermo León Valencia quien definió la ideología del malogrado cura Camilo Torres Restrepo como “un cóctel de vodka y agua bendita”.
Hoy contamos con nuevas versiones de ese vomitivo. Nos las brindan en sendas copas los narcoterroristas Iván Márquez y Jesús Santrich, así como el tristemente célebre cura Javier Giraldo Moreno S.J, que al parecer en escandaloso contubernio coinciden en tratar de convencernos de que el horrible accionar de las Farc se justifica por el sagrado derecho de rebelión y que al noble ejercicio del mismo ha tratado de limitarse su conducta, de suerte que sus excesos apenas vienen a constituir efectos colaterales tan inevitables como indeseados.
Tales son las tesis que se desprenden de los términos de la entrevista que los dos primeros le concedieron a The New York Times y de la ponencia que el eclesiástico publicó como contribución al estudio de las causas y el desarrollo del conflicto con las guerrillas en nuestro país (Vid.http://www.nytimes.com/video/opinion/100000003452856/prospect-of-peace-talking-with-the-farc.html?emc=edit_th_20150118&nl=todaysheadlines&nlid=64762377 y http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/descargas/comisionPaz2015/GiraldoJavier.pdf).
Por supuesto que uno no tiene por qué extrañarse de las mentiras de las Farc, pues se trata de una organización verdaderamente demoníaca, y bien sabido es que el Demonio es el Padre de la Mentira. Pero sí lo inquieta y hasta lo escandaliza que una persona que se dice consagrada a dar testimonio de la verdad del Evangelio, como lo es el jesuita en mención, se esmere en la defensa de quienes no le han ahorrado a la población colombiana sufrimiento alguno, no tanto en procura de la justicia, cuanto en su empeño por someterla a un régimen totalitario y liberticida.
Que la sociedad colombiana exhibe múltiples aspectos injustos que ameritan corregirse, es algo que nadie que esté en sus cabales podría negar. Las cifras son elocuentes y su comparación con las de otros países suele dejarnos bastante mal parados. Hay muchísimos motivos para promover entre los nosotros la lucha por la justicia en los distintos ámbitos de la vida de relación.
Pero de ahí a sostener que esa lucha por la justicia sea menester adelantarla recurriendo a la violencia y que su propósito deba de identificarse con modelos tan cuestionables como el cubano o el venezolano, por no hablar del que se hundió con la Unión Soviética, hay mucho trecho. Y tal es la ideología de las Farc, del Eln y, desde luego, del padre Giraldo S.J.
El recurso a la violencia para oponerse a un régimen injusto es tema que se ha examinado hasta la saciedad a lo largo de la historia del pensamiento político.
Una aproximación racional al mismo enseña que es un recurso extremo al que solo debe acudirse como última opción, de manera excepcional y con mucha cautela. Pero hay ideologías que por extrañas consideraciones profesan un culto desmedido por la acción violenta. Y hay personalidades enfermizas que adhieren espontáneamente a las soluciones de fuerza y adoptan con fanatismo esas ideologías.
Recuerdo al respecto un libro bastante olvidado hoy de Zebedeu Barbu que lleva por título “Psicología de la Democracia y la Dictadura”, en el que se analizan las tendencias democráticas y totalitarias de las distintas personalidades, o los lúcidos escritos de Erich Fromm sobre estos tópicos, especialmente “El Miedo a la LIbertad”.(Vid. http://www.enxarxa.com/biblioteca/FROMM%20El%20Miedo%20A%20La%20Libertad.pdf).
La adhesión a ideologías promotoras de la violencia ancla a no dudarlo en la zona abisal del espíritu, lo que los psicoanalistas denominan el inconsciente, y las oscuras energías que le aportan su dinámica. Es algo que un psiquiatra que por ahí intentó sin éxito refutarme, parece ignorar de medio a medio. No es, en efecto, un proceso racional el que suele llevar al apoyo de los violentos e incluso a incorporarse a sus filas, sino, a menudo, una sociopatía. Mire bien, señor Mira, los personajes que defiende, que bien podrían llegar a ser pacientes suyos, a menos que usted se haya contagiado de su locura.
Hay ciertas personalidades religiosas que son proclives, más que al autoritarismo, a la dictadura y los excesos totalitarios. Los sujetos de esta laya desacreditan la religión y hacen pensar que esta es de suyo irracional, intolerante, impositiva e inhumana. Ciertos rasgos de la Teología tradicional parecen darles la razón a estos críticos. Pero la Teología de la Liberación, fuertemente impregnada de marxismo-leninismo, no escapa a estas tendencias. Hay en ella un fundamentalismo tan dañino como cualquiera otro. Y ese fundamentalismo lleva a sus promotores a legitimar el terror, como lo hace el cura de marras.
El Evangelio, como todo texto, es susceptible de múltiples lecturas. Pero, bien mirado en su conjunto y en lo que prescribe de modo tajante, no cabe presentarlo como legitimador de la ideología de la violencia que propugna cierta izquierda que mal hace en llamarse católica. Repito acá la frase de S.S, Paulo VI en Bogotá que traje a colación en un escrito anterior:"La violencia no es cristiana ni es evangélica".
Presentar a Nuestro Señor Jesucristo como un revolucionario político y social al estilo de los que estudia Josef Leo Seifert en “Los Revolucionarios del Mundo” (Luis de Caralt, Barcelona, 1953) no es más que una descarada impostura, pues, como lo demuestra Seifert, ese espíritu revolucionario es propio de la herejía del gnosticismo y no del cristianismo ortodoxo.
Permítaseme citar un pensamiento del Dr. Eben Alexander, quien a raíz de una Experiencia de Muerte Cercana que relata en su libro “La Prueba del Cielo”, ha vivido un proceso de despertar espiritual a través del que ha superado la estrechez de las concepciones cientificistas en boga, para descubrir la enorme riqueza de las tradiciones religiosas, en especial las del cristianismo. Escribe el Dr. Alexander que “El universo está basado en amor, pero si no tenemos amor dentro de nosotros mismos, el universo quedará cerrado para nosotros” (Alexander, Eben y Tompkins, Ptolemy,”La Geografía del Cielo”, Diana-Planeta, Bogotá, 2014, p. 113).
La esencia del mensaje evangélico es el amor y mal puede un sacerdote jesuita tergiversarla para justificar todo un programa de odio de clases y de violencia política que no se arredra ante los peores excesos de que es capaz el corazón humano cuando lo impulsan fuerzas demoníacas.
Como la nuestra es una sociedad violenta, pese a los argumentos en contra que suele esgrimir con las mejores intenciones Eduardo Posada Carbó, las reflexiones sobre la violencia deberían estar en el centro del debate público.
Está bien adelantarlas a partir de una confesión colectiva de culpabilidades en cuya virtud nadie estaría legitimado para arrojar la primera piedra. Pero la actitud arrogante de las Farc, aupada por el cura Giraldo S.J., está muy lejos de ahí: los violentos son los otros, no ellos.
Vuelvo al Dr. Alexander para una cita muy pertinente a lo que acá examino:"Usted no puede llegar con deshonestidad hasta la verdad. Usted no puede acercarse a ella mientras se diga mentiras a sí mismo o a otros. Usted no puede acercarse si porta una tajada fina y superficial de sí mismo y deja atrás a su ser más grande y profundo. Si quiere ver el cielo completo, tiene que presentarse usted completo, o mejor quédese en casa” (Op. cit., ps. 113-4).
He escrito que hay unos condicionamientos morales necesarios para adelantar con seriedad los diálogos con la guerrilla, pero tanto los voceros de esta como los del gobierno los han ignorado de modo irresponsable. Son diálogos presididos por el espíritu de la mentira. No son constructivos, sino destructivos, y así lo ha advertido la gente del común, que siente defraudada su confianza con el cortejo de engaños y manipulaciones desplegado por Santos, sus negociadores y los facinerosos de las Farc.
Viene a mi mente una consideración que hace muchos años leí en un libro de Bertrand Russell, tal vez el que versa sobre la libertad y la organización. El célebre filósofo, que a decir verdad no es santo de mi devoción, se refería al terror comunista para señalar que si estuviera demostrado que a través del mismo se pudiese instaurar un paraíso terrenal, tal vez cabría justificarlo. Pero, ante la ausencia de dicha prueba, ese terror sería del todo inadmisible.
Hoy ya sabemos a ciencia cierta que el comunismo no trae consigo el paraíso terrestre, sino un infierno. Hacerle caso al cura Giraldo S.J. no solo nos arrojaría al infierno en este mundo, sino, quizás, al eterno. Por eso, Malachi Martin pidió que se le diera de baja en la Compañía de Jesús. Adujo, en efecto, que su permanencia en ella pondría en peligro la salvación de su alma.
Me queda la tarea de examinar con cuidado la ideología de las Farc, si lo que presentan como tal merece ese nombre.¿No dijo Sartre que el nazismo no podía ser tomado en serio, pues ni siquiera merecía que se lo considerara como una ideología? Es tan rudimentario el repertorio de enunciados políticos de los voceros de las Farc, que resulta difícil presentarlo racionalmente, así sea con el ánimo de refutarlo. Para muestra, los deplorables discursos de Márquez y Santrich en la entrevista con The New York Times que atrás he mencionado.
viernes, 6 de marzo de 2015
Un fantasma que sigue recorriendo el mundo
En mi último escrito me ocupé, a partir de unas reflexiones sobre el peso de la historia en la configuración del ordenamiento de cada sociedad, de otros dos temas aparentemente desconectados entre sí, pero que en el fondo se vinculan el uno con el otro: la falta de rigor en el tratamiento que el gobierno y los medios le están dando al proceso de diálogos con las Farc en La Habana y la Revolución Cultural que está desmoronando el orden moral de la civilización occidental fundado en el Cristianismo.
En efecto, en uno y otro casos el gran protagonista es el marxismo.
En La Habana, el gobierno dialoga con narcoterroristas que profesan una versión extrema del marxismo-leninismo y aspiran a imponer en nuestro país un régimen totalitario y, por ende, liberticida. Lo que ellos promueven es la Revolución al estilo cubano, que a partir de la toma del poder político pretende la transformación violenta del sistema económico y social.
La Revolución Cultural también se inspira en consignas marxistas, en buena medida desarrolladas por Gramsci, la Escuela de Frankfurt y otros ideólogos que han considerado que el orden político, económico y social que despectivamente denominan “burgués” solo puede transformarse a través del cambio de mentalidad de las sociedades, es decir, por la vía de la educación y, en últimas, de la cultura. El propósito final es la construcción de una sociedad radicalmente igualitaria y emancipada que conquiste su autonomía frente a la naturaleza, la tradición y, por supuesto, la Divinidad, tal como lo plantea , por ejemplo, Castoriadis a lo largo de su abundante producción.(Vid. http://www.cuestiondepiel.com/castoriadis.PDF; http://www.catedraparalela.com.ar/images/rev_articulos/arti00109f001t1.pdf).
Por supuesto que, como ha sucedido a lo largo de sus más de ciento cincuenta años de historia, el marxismo es fuente de múltiples disputas internas sobre el contenido de sus premisas, sus desarrollos ideológicos, los análisis de coyuntura o las estrategias a seguir en las diferentes circunstancias, lo que da lugar a movimientos sectarios que a menudo muestran entre sí más pugnacidad que la que en principio se esgrime contra sus antagonistas externos.
Pero esas escisiones no impiden que haya una unidad básica de pensamiento y de cometidos respecto del rechazo de la institucionalidad tradicional y la afirmación de la utopía libertaria.
Muchos despistados que no siguen con atención las señales de los tiempos creen que el marxismo es cosa del pasado. Se equivocan de medio a medio, pues la ideología dominante hoy por hoy está fuertemente permeada por sus tesis. Piénsese tan solo en el ideario que presidió los años de formación de Obama y que este ha tratado de llevar a la práctica como presidente de los Estados Unidos.(Vid. http://www.crisismagazine.com/2012/frank-marshall-davis-obamas-communist-mentor-on-the-catholic-church). Otro ejemplo es la deriva extremista del socialismo escandinavo, que en otras época se presentaba como modelo de equilibrio y moderación, pero hoy sigue al pie de la letra las pautas destructivas del marxismo cultural (Vid.http://www.brusselsjournal.com/node/3582).Ello, por no mencionar la influencia marxista en la Teología de la Liberación que inspira a ciertos sectores católicos y quizás al papa Francisco.
Las diferencias entre el marxismo-leninismo y el marxismo cultural son, al parecer, meramente estratégicas, aunque en la práctica podrían resultar bastante significativas. El primero promueve decididamente la violencia, tanto en la lucha por la adquisición del poder como en su ejercicio una vez conquistado, salvo que por consideraciones oportunistas resuelva que le conviene más simular que entra en la competencia institucional frente a otros actores del juego democrático. El segundo, en cambio, guarda las apariencias jurídicas, pero dentro de ese guante de seda esconde una mano de hierro.(Vid.http://es.metapedia.org/wiki/Marxismo_cultural).
El propósito de todos los marxismos se sintetiza en algo que a troche y moche proclaman los voceros de las Farc: la refundación de la sociedad.
¿Qué significa eso de refundar las sociedades?
Nada menos que remover todos sus cimientos, las ideas que las fundamentan, las instituciones que las organizan y encauzan, las creencias que las sostienen, las normatividades de todo género que las rigen. Como decía Nietszche dentro de otros contextos, lo que se pretende de ese modo es la transmutación de todos los valores.
Ese adanismo es antihistórico y se paga caro, tal como se ha visto después de la caída de la Unión Soviética.
Los excesos a que suele dar lugar son inevitables, pues para imponer sus puntos de vista necesariamente cae en el terror, tal como lo hizo ver Merleau-Ponty en “Humanismo y Terror” y “Las Aventuras de la Dialéctica”, y lo documenta Koestler en “El Cero y el Infinito”. (Vid. http://www.olimon.org/uan/merleau-ponty-humanismo-y-terror.pdf).
En efecto, la refundación implica el desplazamiento de todo el repertorio de ideas de la gente común y corriente para imponerle otras de nuevo cuño, lo cual conlleva la lucha a fondo contra hábitos de pensamiento y de conducta muy arraigados. Esa lucha acude a la propaganda masiva, a la educación, a la exclusión, a la censura, a la intimidación y a distintos tipos de punición que van desde las medidas “pedagógicas” (reeducación) hasta la muerte misma, así sea en la forma figurada de la muerte civil.
Hay todo un abanico de recursos urdidos por la ingeniería social contemporánea con miras a producir el “Hombre Nuevo”, una entidad mítica que poco tiene que ver con los seres humanos reales de carne y hueso, a los que pretende encasillarse dentro de camisas de fuerza emanadas de las fantasías de mentes casi siempre enfermizas y a menudo depravadas.
La promoción de ese “Hombre Nuevo” es tema de “lo políticamente correcto”, que es producto ideológico del marxismo cultural (Vid. http://www.blogcyh.com/2011/12/origenes-de-lo-politicamente-correctoo.html;http://www.recercat.net/bitstream/handle/2072/152157/Sobre%20el%20mito%20del%20hombre%20nuevo.%20Dalmacio%20Negro.pdf?sequence=1).
Esta idea de lo políticamente correcto sirve de soporte de una tendencia nítidamente totalitaria que pretende excluir del escenario de los debates políticos (la “razón pública”) todo lo que no encaje dentro de lo que dogmáticamente se proclama como “racional”.
De ahí que de tajo se decrete que en la argumentación de lo que atañe a lo público tenga que dejarse de lado todo aquello que esté coloreado de tinte religioso. Todas las ideologías son de recibo en ese ámbito, siempre y cuando se presenten como “racionales”. Pero si por cualquier aspecto denotan alguna conexión con el pensamiento religioso, entonces se las anatemiza, sin importar que, como se ha demostrado hasta la saciedad, las ideas matrices de la civilización occidental resultarían incomprensibles si se las desvinculara de su contexto cristiano.
De ese modo, se vuelve a la época del Terror que en la Revolución Francesa se ejerció despiadadamente en nombre de la Razón, y en la de la Revolución Rusa se desató en aras de la emancipación del proletariado.
Colombia padece hoy el embate de estas dos modalidades del marxismo, el político de los comunistas de las Farc, el Eln y los quintacolumnistas agazapados en las universidades, la justicia, la burocracia, la prensa y hasta el clero, y el de los marxistas culturales, que hoy son legión. Todas nuestras libertades están en peligro, comenzando con la libertad religiosa.
lunes, 2 de marzo de 2015
Lecciones de la historia
Es verdad de a puño que toda sociedad tiende a ordenarse a través de normas y autoridades, pues ninguna podría sobrevivir en medio de la anarquía.
A partir de ahí, cabe toda suerte de discusiones acerca de cuál podría ser el orden más adecuado, cuál la normatividad más deseable y cuáles los sistemas de autoridad que mejor le convengan, que son los grandes temas del pensamiento político.
Este, a lo largo de siglos, ha decantado unas ideas acerca del orden justo, de la sujeción de la autoridad al derecho, de su origen democrático y de los derechos que es indispensable garantizarles a las comunidades y los individuos que las integran. Esas ideas constituyen el desiderátum de la civilización política, que no ha aparecido de la noche a la mañana, sino que es resultado del esfuerzo de muchas generaciones.
Ese esfuerzo no puede darse por concluido, pues siempre habrá nuevas perspectivas que ameriten considerarse alrededor de estos tópicos y nuevos retos que resultan de los cambios culturales que experimentan sociedades que, como las modernas, viven en continuo estado de transformación. La lucha por el derecho y por los derechos, por la justicia, por el bien común, por el mejoramiento de las condiciones de vida de las comunidades y por la democracia es, pues, cosa de todos los días y de nunca acabar.
Se atribuye a Newton la afirmación de que la ciencia moderna ha avanzado “a hombros de gigantes” que supieron alzar su mirada por encima del común de la gente y ver más allá de los horizontes que les fijaban los tiempos en que les tocó vivir. Pero esto no se aplica solo al progreso científico, sino también, en general, a los distintos progresos del espíritu en torno de sí mismo, de la comprensión de lo que Teilhard de Chardin llamaba el “fenómeno humano”, del mundo moral y de la ordenación de las sociedades.
Esta observación de Newton ha dado lugar a un conocido texto de divulgación científica de Stephen Hawkins que lleva precisamente por título “A hombros de gigantes”, en el que recaba sobre la historicidad del quehacer humano y, por ende, sobre la importancia del pasado en su desarrollo y sus logros.
Esto es de especial importancia en lo que concierne al mundo social, que, quiérase o no, se edifica sobre experiencias, dificultades, ideas, respuestas y, en general, acciones y reacciones de tiempos pretéritos, a menudo tan antiguos que remontan a la prehistoria.
Los materiales de esa edificación proceden muchas veces de aportes anónimos de gente común y corriente. Pero otras veces resultan de verdaderos gigantes del espíritu, creadores de las religiones superiores, de los grandes sistemas de pensamiento, de las más elevadas concepciones morales, de los más rigurosos ordenamientos jurídicos o de las formas de organización social que mejor responden a las necesidades colectivas.
Por supuesto que no todo tiempo pasado fue mejor y que esos tiempos no muestran, como ingenuamente se creía en otras épocas, líneas ascendentes de progreso indefinido, sino más bien momentos de auge y de decadencia, de expansión y de regresión, de claridad y de oscuridad. Incluso los momentos que consideramos felices y estelares exhiben facetas sombrías que obligan a ponderarlos con cautela. Pero el presente no es necesariamente mejor, ni todo lo que se presenta como novedoso nos ofrece la seguridad de que contribuirá positivamente a hacer que la vida del común de las personas sea más llevadera.
Estas consideraciones que, bien miradas, parecen de Perogrullo, son pertinentes para reflexionar sobre muchos de los temas de debate que ocupan hoy a la opinión pública colombiana, especialmente la que se forma y manifiesta en los medios de comunicación social que gozan de más penetración en los distintos estratos de nuestra sociedad y, por ende, contribuyen decisivamente a equipar el repertorio de ideas y creencias de la gente.
Una de las ventajas del mundo de hoy es que cada vez más personas tienen acceso a la información, pero con la desventaja de que esta se ofrece casi siempre de manera sesgada, sin invitar a la reflexión y concebida de acuerdo con las técnicas de la propaganda que resaltan los aspectos emocionales de los temas y los presentan sin argumentación razonable, reduciendo los enunciados a frases de cajón y lemas efectistas.
La presentación mediática de los diálogos de La Habana es buena muestra de cómo se puede atentar contra el derecho de la comunidad de recibir información veraz e imparcial.
De acuerdo con el sitio #CarruselDeLaPaz en Twitter, Santos ha acudido al expediente de la “mermelada”, que tan útil le resultó en la compra de su reelección, para hacerle propaganda a su proyecto de paz con las Farc, según el siguiente botón de muestra:
“29 Gobierno ha gastado, hasta diciembre de 2014, $113.645 millones en contratos para el Proceso de paz.
28 Gobierno ha firmado 350 contratos para el Proceso de paz de La Habana.
27 Gobierno ha contratado en temas de paz, $4.855 millones, con "Fundaciones".
26 Gobierno ha gastado $10.360 millones en Medios y publicidad para la paz.
24 Gobierno ha contratado en asesorías para la paz $7.068 millones.
23 Gobierno pagó a miembros de la Comisión Histórica y sus Víctimas $594.000.000
22 Gobierno contrató con Connecta S.A. por $1.264.400.000 para realizar encuestas sobre el Proceso de paz.
21 Gobierno contrató con Área Comunications S.A. por $759.243.961 para divulgar piezas de comunicación del Proceso de paz.
20 Gobierno contrató con Oportunidad Estratégica Ltda $321.000.000 por un concepto sobre viabilidad del Proceso de paz.
19 Gobierno contrata a J. Walter Thompson por $1.080.708.200 para estrategias de publicidad y mercadeo del Proceso de Paz.
18 Gobierno contrata con empresa del hermano del Pte Santos por $812.000.000 para estrategias digitales del Proceso de paz.
17 Gobierno contrató a Sístole S.A., del hermano del Pte Santos, para ejecutar estrategias digitales del proceso de paz.
16 Gobierno ha pagado a Medios de comunicación $3.130.855.377 por divulgar el proceso de La Habana.
15 Gobierno ha pagado a RCN TV $860.029.703 por promociones del proceso de Paz.
14 Gobierno ha pagado a Caracol TV $860.025.674 por promociones del proceso de Paz.
13 Gobierno ha pagado a revista Semana $1.092.800.000 para la "pedagogía para el postconflicto".
12 Gobierno pagó $1.507.528.386 a Velnec S.A. para realizar "obras para la paz".
11 Gobierno ha pagado a Etecsa de La Habana $2.393.313.450, por servicio de Internet y telecomunicaciones de Farc.
10 Gobierno ha pagado a Aviatur $419,3 millones, por pasajes aéreos a La Habana.
9 Gobierno gasta $1.860.049.611 en transportes de la Fuerza Aérea a La Habana.
8 Gobierno pagó $968.982.882 por arriendo de una casa en La Habana, para hospedajes del proceso de paz.
7 Gobierno pagó $1.421.803.500 a "Corporación" del exguerrillero León Valencia, para hablar del proceso de La Habana.
6 Gobierno pagó $1.347.277.093 a "Fundación Ideas para la paz"; para promover proceso de La Habana.
5 Gobierno pagó $1.012.256.800 a Fundación García Márquez, para "seminarios a periodistas en cobertura del proceso de paz".
4 Gobierno gasta $1.300 millones a través de "Cordepaz", para "promover el proceso de paz...". Despilfarro.
3 Gobierno gasta $480,6 millones en un contrato con "Corpovisionarios" de Mockus, para apoyar "proceso de La Habana".
2 Federación de Cafeteros se gasta $42.048.383.518 en contratos "para la paz", mientras los productores están en crisis.
1 Mientras los caficultores siguen en crisis, la Federación de Cafeteros gasta $42.048 millones en contratos "para la paz".”